Qué  se dice

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El peor ciego.- Se queja Reinaldo Pared Pérez, presidente del Senado y secretario general del PLD, de que al gobierno de Danilo Medina, que todavía no cumple los cien  días de ejercicio, le hayan hecho tantas protestas, lo que calificó de insólito.

 Afirma el legislador y vocero peledeísta que con esas protestas, un total de 602 según una información   publicada por el periódico  El Día, se está rompiendo una tradición de la democracia gracias a la cual se respetan los primeros cien días  de un nuevo gobierno para que sus funcionarios tengan la oportunidad  de “cogerle el piso”, como se dice popularmente, a la administración del Estado y sus instituciones.  ¿Por qué se rompió   tan pronto esa “regla de oro”? En primer lugar, hay que recordarle a Pared Pérez que el gobierno de  Medina  no es nuevo en el sentido estricto de la palabra, y quien se ocupó –vaya ironía– de arraigar esa percepción en la opinión pública fue el propio mandatario al conservar buena parte del  gabinete del gobierno anterior.

En segundo lugar, ocho años de gobierno peledeísta, en los que han estado presentes, de manera ostensible, la corrupción (la mayoría  de los funcionarios  de los gobiernos de Leonel Fernández no resiste una auditoría  visual de sus bienes), el tráfico de influencias y el reparto descarado de los bienes públicos,  han sedimentado un sentimiento de rechazo y descontento en buena parte de la sociedad hacia el PLD. Y en tercer lugar: ningún gobierno en nuestra  azarosa historia política  había heredado de su antecesor un déficit fiscal superior a los 200 mil millones de pesos, ni había pretendido que ese déficit, producto del derroche y el gasto irresponsable, lo pague la población con más impuestos a pesar de que no participó en esa fiesta.

Por eso nada hay de insólito, o de sorprendente, en todas esas protestas, que no se limitan –hay que aclararlo– al rechazo de la reforma tributaria, a menos que Pared Pérez quiera seguir fingiendo que no ve, como el peor de los ciegos, lo que está ocurriendo delante de sus propias narices.