Qué Se Dice. Armas que no protegen

Claudio Acosta

Dos bombillos y una cerveza. Eso fue a comprar Mariano Santos Vargas, de 70 años, a un colmado cerquita de su casa en el sector San Miguel del kilómetro 9 de la carretera Sánchez, de donde nunca regresó. ¿Que pasó? Es lo que todavía se preguntan sus familiares, que no acaban de asimilar la noticia terrible de que fue asesinado cuando trató de impedir que dos hombres que asaltaban el colmado en el que se encontraba lo despojaran de la pistola que portaba, que de todas maneras se llevaron. Los asaltantes, que se transportaban en una motocicleta, también hirieron de bala a dos empleados del colmado, pues cuando se marchaban, no sin antes cargar con una indeterminada cantidad de dinero, hicieron varios disparos hacia el negocio. Decir que don Mariano estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado, lo que en un país con los aterradores niveles de inseguridad que estamos viviendo se paga con la vida, no es suficiente consuelo, como tampoco lo es saber que la Policía persigue “activamente” a sus asesinos, pues no hay garantía de que los atrapen si no es que son agentes policiales compitiendo con los delincuentes en su tiempo libre, como ocurre con frecuencia. Pero hay que seguir insistiendo, a propósito del asesinato de Mariano Vargas Santos, en lo que ya es demasiado evidente: portar un arma de fuego no protege de los delincuentes sino todo lo contrario; te convierte en potencial víctima de un ataque alevoso y traicionero que casi siempre termina en tragedia, sobre todo si se ofrece resistencia. La muerte, el pasado lunes, de un coronel retirado de la Policía, quien recibió cinco balazos de dos hombres con los que forcejeó tratando de evitar que le quitaran su arma de reglamento, es otro ejemplo de lo peligroso que es portar un arma aunque se esté muy bien entrenado para utilizarla. Mariano Vargas Colón, quien no quiso separarse de la suya ni para ir al colmado cerquita de su casa, ahora también lo sabe, pero para él ya es demasiado tarde.