Qué Se Dice. Reivindicación de la macana

La macana fue, durante mucho tiempo, compañera inseparable de nuestros policías, que solían utilizarla para reducir a la obediencia a delincuentes y revoltosos. Y aunque también fue utilizada con holgura y exceso para reprimir desafectos y cabezas calientes en tiempos felizmente superados, fue siempre una herramienta útil para nuestros agentes del orden, su primera opción antes de recurrir a la fuerza extrema que es su arma de reglamento. A estas alturas es difícil determinar cuándo, en qué momento nuestros policías dejaron de usarlas, pero lo cierto es que ante cualquier contingencia prefieren disparar a matar antes que someter a la obediencia y apresar, lo que ha llenado los cementerios de presuntos delincuentes caídos en los famosos intercambios de disparos, pero también ha convertido a muchos ciudadanos indefensos en víctimas de los gatillos alegres. Fue precisamente uno de esos excesos, la muerte de un agente policial que recibió un balazo en la cabeza cuando forcejeaba con cuatro de sus compañeros, lo que motivó a la Dirección Nacional de la Policía a ordenar el uso obligatorio de las macanas para todos los agentes que realicen labores de patrullaje, intervenciones y operativos, como una forma de garantizar “el uso racional de la fuerza ante cualquier eventualidad”. La medida fue comunicada a todos sus miembros el pasado domingo a través de un memorandum, en el que también se instruye a los directores regionales darle estricto cumplimiento. Y ojalá que así sea, para que la macana vuelva a ser (quién lo diría) garantía “del uso racional de la fuerza”, pues siempre será preferible, en cualquier circunstancia, un macanazo en las costillas que un balazo en la cabeza.


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