Qué se dice: Genio y figura

Claudio Acosta

No se equivoca el expresidente Hipólito Mejía cuando afirma que en este país todo es posible, como por ejemplo  que Ramfis Domínguez Trujillo, con quien dice le unen  lazos de parentesco sanguíneo, pueda postularse a la Presidencia de la República a pesar de que se lo prohíbe la Constitución, ese ajado y manoseado pedazo de papel. En otro de sus  arranques de   repentismo o espontaneidad que tanto se le critican como se le elogian, el exmandatario reconoció la contribución de los políticos dominicanos a esa lamentable situación, incluyendo  sus propias “metidas de pata”. “Después de todas las metidas de pata que hemos dado los políticos de este país  todo es posible. Porque la verdad, hay que reconocer eso; los políticos hemos sido una frustración nacional. Hemos sido, y no me saco de eso”. ¿Estaría pensando, al hacer esa afirmación, en la atropellada reforma constitucional  que promovió para poder repostularse e intentar la reelección? También tiene razón Hipólito Mejía cuando señala que la mayoría de los políticos dominicanos  (incluyéndose, por supuesto)  han recurrido a las prácticas trujillistas cuando llegan al poder, pero estoy seguro de que ninguno cometería el error de   reconocerlo públicamente, mucho menos si ha dicho  que quiere ser el candidato presidencial de su partido. Tampoco tuvo  miramientos  al declarar, a contrapelo de la lluvia de críticas que inundaron los medios de comunicación y las redes sociales desde que el nieto de Trujillo dijo públicamente que quiere cumplir su sueño de ser Presidente de la República, que su pariente también tiene “derecho” a aspirar y que respeta esas aspiraciones. Hay que agradecerle al expresidente Mejía la franqueza de reconocer   que el trujillismo es un  “librito”  que siguen los políticos dominicanos cuando, disfrazados de demócratas, llegan al Palacio Nacional, pero también  que siga tan errático y metedor de pata  como siempre y que no haga nada por disimularlo.