QUÉ SE DICE : Un grito desesperado

Claudio Acosta

“Nuestras afirmaciones pueden parecer duras, pero son  más bien un grito desesperado por salvar el país de la continua invasión haitiana que está depredando nuestros bosques, ocupando los espacios públicos, defecando, orinando, agrediendo, asaltando, sin pagar impuestos, consumiendo nuestro presupuesto de salud, pidiendo en las calles; a eso hay que ponerle remedio, y pronto”. El “grito desesperado” del alcalde de Santiago Abel Martínez, quien afirma  que en esa demarcación se libra una batalla campal  permanente contra la arrabalización de los espacios públicos y la violación de las leyes y normativas municipales por parte de  los ilegales haitianos,  pone el toque dramático a una situación  que pese a su gravedad y a que  se reproduce, con menor  o mayor intensidad, en casi todo el país,  no parece preocupar ni quitarle el sueño  a las autoridades “competentes”. Por eso fueron calificadas de irresponsables por el alcalde de Santiago, quien lamentó que a diario entren a territorio  dominicano miles de haitianos aprovechándose de una frontera   flexible  y mal resguardada, que se suman así –sostiene– a los que están  aquí sin ningún tipo de legalidad pero  protegidos por    la indiferencia de las autoridades . Y es esa indiferencia, precisamente, el aspecto más inquietante del “problema haitiano” y sus gravosas consecuencias para la República Dominicana, pues nos está dejando indefensos ante una invasión tan notoria como inocultable. Menos para nuestras autoridades, que  ni oyen, ni ven ni entienden  lo que está en juego.


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