¿Quién soy? Desenredemos el embrollo

Manauri Jorge

Casi terminaba la clase y surgió la pregunta que nos llevó a un debate expandido por las redes sociales. ¿Si asesinan un transgénero es feminicidio? Si lo analizas desde el punto de vista legal, no. Si vas a la parte sexual, quizás. Si lo analizamos desde lo psicológico, sí. Y si lo vemos desde el ser, pues claro. Con eso llega otra interrogante: ¿Soy mi sexo, mi género, quien siento ser, quien la sociedad establece o quien las leyes dictan?

Analicemos…

No es lo mismo ser varón, ser hombre y ser masculino. Se nace siendo varón o hembra (pene o vagina), lo de hombre o mujer es una categoría que se adquiere en base a una serie de procesos y experiencias del individuo; lo de femenino o masculino son patrones sociales que establecen acciones en base al sexo. Puedes ser un macho, hombre femenino, una mujer masculina o una mujer femenina macho. ¿Cómo se come eso? Una palabra clave en este embrollo es identidad, eso que tu creas a partir de tus emociones.

No he conocido una persona homosexual que no se identifique como tal desde su segunda infancia. Van construyendo su identidad en base a sus preferencias, sus elecciones, sus gustos y placeres. Entonces, si una hembra se siente hombre y actúa como tal, ¿acaso la sociedad puede decirle que no lo es porque lleva vagina? ¿Hasta dónde lo que somos está determinado por lo legal, lo biológico, lo psicológico y emocional? ¿Quién o quiénes determinan lo que soy?

Para UNICEF el sexo determina si naces hombre o mujer y la parte de género está vinculada a lo femenino y masculino. Digamos que el sexo está limitado a las características biológicas del individuo que lo clasifica en hombre o mujer, mientras el género establece una serie de parámetros o roles que la sociedad impone a cada sexo.

Sin embargo, como precisa la comunicadora Mery Lois Dorrejo en su reportaje “¿Qué es ser trans?”, “existen personas que no se identifican emocional, social, estética, ni corporalmente con el sexo que le asignaron al nacer y entran en el universo de las identidades de género no conformes”.

El investigador mexicano Hernán Gómez precisa que “una mujer trans es una mujer que ha decidido ser mujer, más allá de sus genitales. Desde la primera infancia, las mujeres trans se reconocen a sí mismas, saben quiénes son y desarrollan una identidad femenina”.

En el libro “Un sitio en la cumbre” de Félix Cortés se precisa: “El varón nace, el hombre se hace. Ser hombre es una conquista. Ser varón es un accidente biológico. Todo niño de sexo masculino es varón, pero solo un adulto puede ser hombre. Ser varón es una disposición de la materia y la apariencia. Ser hombre es un estado de las fuerzas interiores y de las facultades más elevadas del ser. Un varón no es más que una posibilidad de ser hombre”. Esa idea la secunda el comunicólogo Stalin Montero.

Lo sexual, al parecer, tiene como base el órgano reproductor. Si la persona nace hermafrodita (con vagina y pene) no se le puede encasillar en una de las dos opciones porque, en esos casos, se requiere una identidad de género. El género es lo que la sociedad establece que debes ser de acuerdo a tu sexo, la identidad es lo que tú sientes que eres en base a tus emociones, aunque no se corresponda con lo sexual.

Si asumo que soy lo que la biología determina, una investigación liderada por la doctora Sandra Witelson de Canadá confirmó que el cerebro de un varón homosexual es más parecido, fisiológicamente, al de una mujer que al de un hombre. “Los hombres gays y las mujeres hetero tienen cerebros similares. Estos descubrimientos evidencian que los homosexuales podrían tener una predisposición genética para ser gays”.

Analicemos el caso de Mia Cepeda que, mediante el decreto 76-14, se le otorgó la potestad de cambiarse el nombre después de varios años de exigencias legales. El Estado le reconoce su derecho de cambiar su nombre, pero en sus documentos se mantienen la M de masculino cuando se trata de sexo.

¿Si le reconocen su identidad, por qué no le permiten el cambio de género? La periodista y abogada Mary Yerlyn Paula precisa que en esta media isla se puede cambiar de nombre, pero legalmente no de género. La doctora Laura Paula agrega que en psiquiatría existe el “sexo psicológico” donde se trata al individuo de acuerdo a su identidad de género y, a su juicio, un transgénero es psicológicamente mujer.

Todavía la sociedad dominicana tiene muchas limitaciones legales y culturales que marginan a personas de la comunidad LGBTIQ, incluso en los tribunales se trabaja con leyes del siglo XIX en pleno siglo XXI. Comprender el tema requiere de mucha elasticidad en el criterio y la razón, aceptar que existen diferencias y que eso, precisamente, es lo que nos hace especiales. ¿Cómo arrancar? Quizás aceptando un tercer baño.

¿Soy lo que tengo o tengo lo que soy? Es imposible responder a esa respuesta sin echar en el caldero el sexo, género, preferencias, estímulos y convicciones. Sobre todo, somos identidad, somos una construcción constante de nosotros mismos, de quienes queremos ser, de quienes los demás esperan seamos y de quienes, a fin de cuentas, terminamos siendo. Reconoce quien eres y fortalece tu identidad, lo otro se resuelve.


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