Quijote, locura y penas en un bolsillo

El Teatro Guloya, la entrañable sala de la Ciudad Colonial, viene presentando su cuarta versión del Festival Iberoamericano “Teatro de Bolsillo”, esta vez para conmemorar el treinta aniversario de la puesta en escena de “Don Quijote y Sancho Panza” por el Teatro Gayumba, dirigido por Manuel Chapuseaux.

Ciertamente este personaje ha marcado al excelente teatrista, cabalgando junto a él durante muchos años y cual Quijote y su divina locura, ha hecho del teatro su “élan vital”, elevando con sus propuestas la escena dominicana. Esta vez, y como parte de la programación de Teatro de Bolsillo, Chapuseaux presenta y no es una ironía, “El Quijote no existe”.

El texto, retrato profundo de lo humano, rico en metáforas sugerentes, se convierte en un diálogo permanente entre Cervantes –Quijote– y sus fantasmas –los demás personajes–, que dan oportunidad para la creatividad trasgresora de Chapuseaux. Director de sí mismo, consigue armonizar texto y discurso escénico, creando un espacio lúdico formidable con sus evoluciones, con el gesto no convencional y movilidad orgánica. El Quijote no es un personaje, es un símbolo, con valor permanente, y como dijera el personaje “Cervantes” en un momento de reflexión “si muere el Quijote, muere la esperanza”, por eso el Quijote existirá siempre y Chapuseaux seguirá cabalgando.

“Locura cuerda”. La segunda obra presentada es una versión libre de José Manuel Rodríguez, basada en la obra “El hombre de la rata” del dramaturgo venezolano Gilberto Pinto.

La tercera obra. “Las penas saben nadar” del escritor cubano Abelardo Estorino, es un monólogo intenso, un ensayo escénico sobre la frustración, el fracaso y las consecuencias psicológicas para una artista en declive, aferrada a su pasado, a un anhelo. El relato inicia con la llegada de la actriz al teatro donde pretende interpretar el monólogo de Jean Cocteau “La voz humana”, la referencia no es casual.

La nueva frustración la lleva a interpretar su propio monólogo: el de su fracasada vida. Olga Bucarelli encarna con acusada personalidad a la malograda actriz y se convierte por instantes en los personajes de sus deseos, la frágil Julieta de Shakespeare, la deforme Martirio de Lorca; a veces es la Garbo o Marilyn, todo discurre entre la tragedia y la comedia, con momentos de verdadera hilaridad.

El versátil monólogo traspasa el ámbito de lo personal y abre resquicios a la crítica al sector cultural y teatral, hasta llega a cuestionar la indiferencia de Dios, y es que presa de sus frustraciones, necesita encontrar un culpable, evadiendo enfrentar sus miedos, verdadera causa de sus fracasos.
La dirección de Elvira Taveras conduce a Bucarelli a explorar recursos actorales que logran sorprendernos y emocionarnos, creo sin temor a equivocarme que ha sido la actuación más importante en su dilatada carrera de actriz, una verdadera paradoja con el personaje representado.

La directora dominicaniza el monólogo con acierto, las analogías no pueden ser más adecuadas, escuchamos en eco la voz de Aida Cartagena “una mujer está sola”, o de nuestra Salomé, y sus “Ruinas”, “memorias venerandas de otros días”. La escena semiotizada donde cada detalle es un signo referente, es un elemento plurifuncional.

Hay una condición muy bien manejada por la dirección, y es la adicción al alcohol de la protagonista, al punto de que el estado de embriaguez en crescendo marca el ritmo de la representación. Olga Bucarelli, sin llegar a estereotipias, se crece, su actuación se hace más orgánica, a mayor ingesta, mayor histrionismo, y bajo este efecto desinhibidor muestra otra arista de la vida de la actriz, el amor fracasado. Finalmente se produce el clímax sobrecogedor.

Clausura. Como cierre del Festival se presenta “La peste de estos días” a cargo del Teatro Guloya, bajo la dirección de Claudio Rivera. Felicitamos a todos los participantes en este festival teatral de bolsillo.


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