Quirinito, la Ley de Partidos y el clásico circo y pan

Millizen Uribe

Para mí es imposible no detenerme, de manera recurrente, en el vergonzoso hecho de que, en 173 años de vida republicana, en nuestro país no esté resuelto, de manera definitiva, ni un solo de los problemas fundamentales.
Una de las causas tiene que ver con que, a pesar de que nuestro país es uno de los más vanguardistas en relación a número, modalidad e incidencia de los medios de comunicación, el poderío que constituye la opinión pública, se limita, en muchos casos, al show, a la espectacularidad y al morbo.
Así vemos que, como sociedad, vamos de un tema a otro, y olvidamos, con una facilidad pasmosa, quedándonos en lo superficial y sin llegar soluciones o tocar, al menos, los aspectos fundamentales.
Un ejemplo es la actual coyuntura, en la que, se supone, debemos dedicarnos y conformarnos con, por un lado, el falso “debate” de la Ley de Partidos, y, por el otro, los detalles del caso de Quirinito.
El primero confirma la superficialidad: un tema fundamental para el juego democrático, como el de los partidos, se quiere enfocar en un dilema de facciones partidarias internas, como padrón abierto o cerrado, primarias individuales o simultáneas. Evadiendo aspectos fundamentales como la falta de representatividad y el esquema de financiamiento y, sin referirse a una obviedad: una ley es insuficiente, habría que cambiar la cultura política.
El segundo, el de Quirinito,reviste de una importancia capital al tratarse de una posible red que envuelve a quienes están llamados a hacer cumplir la ley, a garantizar la justicia, sin embargo se enfoca desde el show, el morbo.
Ahora bien, ambos demuestran que no se equivocó Marcha Verde al situar, junto con una parte importante de la ciudadanía, la corrupción como un problema fundamental y nodal en la sociedad dominicana de hoy día. En la República Dominicana hay un problema de administración de los recursos públicos y de impunidad. Y este caso de Quirinito lo comprueba.
Pero, al igual que con la Ley de Partidos, hace falta cambio de cultura y mucha voluntad política, por eso cuando llegamos al fondo, con en el caso Odebrecht, buque insignia de la corrupción y la impunidad, recurrieron, nueva vez, al morbo para sacar el tema de agenda.
Como consecuencia, cuando hoy deberíamos estar discutiendo el tema del presupuesto, porque ahí se expresa la voluntad política real y las prioridades de Estado, estamos distraídos con la fábula de Quirinito y la novela de las primarias.
Ya los romanos probaron la efectividad: al pueblo, cuando no hay pan, circo. Al pueblo cuando no hay pan, ¡circo!


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