Rafael Abinader: Un paradigma de talento, laboriosidad y civismo

Tirso Mejía-Ricart

Ha fallecido a la edad de casi noventa años, José Rafael Abinader, un hombre extraordinario que merece ser imitado.
Séptimo de ocho hijos de inmigrantes de un pueblito de las montañas de El Libano, cuando este todavía pertenecía al imperio Otomano, por lo que llegaron con pasaporte turco. Nació en Tamboril, provincia de Santiago y desenvolvió sus primeros años con precariedades económicas propias de una larga familia en una zona cuasi rural de la época.
Su disposición para el trabajo útil y el estudio lo llevó a buscar empleo y aprender donde quiera que estuviese: mecanografía, contabilidad, comercio, administración pública e industria, al tiempo que adquiría una visión de futuro y se cultivó intelectualmente con lecturas variadas. Eso lo llevó a venir a Santo Domingo a estudiar Derecho en la Universidad mientras trabajaba como mecanógrafo y luego funcionario en la Secretaría de Estado de Finanzas.
Al mismo tiempo, el joven Abinader inició su vida pública participando en un núcleo antitrujillista encabezado por Salvador Estrella Sadhalá, uno de los principales participantes en el ajusticiamiento del tirano Rafael Leónidas Trujillo.
Su historial y capacidad técnica le merecieron a Abinader que fuera designado por el Consejo de Estado, director de Impuestos sobre la Renta, que vino a sustituir el obsoleto sistema de cobro de impuestos a través de la cédula de identidad y un impuesto sobre beneficios.
Después del golpe de Estado que derrocó a Bosch, Abinader renunció al cargo y al asumir el gobierno constitucionalista de Caamaño fue designado secretario de Finanzas. Después de ese episodio fue elegido vicerrector Administrativo de la UASD en el Movimiento Renovador; luego fundó la Universidad O & M que es la mayor institución privada de educación superior, que da facilidades para los estudiantes de pocos recursos, sin subsidio estatal.
El inolvidable ciudadano incursionó también exitosamente en los negocios de bienes raíces, el turismo y una fábrica de cemento para cuya administración integró a sus tres hijos: Luis, José y Rita, que tuvo con su esposa Zulita Corona Caba.
Ese hombre polifacético y exitoso logró en 1978 aliar al PRD la antigua Alianza Social Demócrata fundada por Juan Isidro Jimenes Grullón, pudo recuperar más de 38 millones de dólares que había retenido la Gulf &Western por las sanciones contra el régimen trujillista; fue senador por Santiago, provincia que no había ganado nunca el PRD y logró ampliar el acueducto de la Línea Noroeste, reduciendo el presupuesto que se había acordado con las tristemente célebres empresas brasileñas Andrade y Odebrecht. Fue precandidato presidencial por ese partido y contribuyó a que se pudiera constituir el Partido Revolucionario Moderno, cuando el PRD se entregó a un aliado del PLD.
Como si todo esto fuera poco, mi amigo Rafael Abinader escribió en forma creativa obras de economía, finanzas, política y hasta poemas. Fue promotor pionero del fútbol profesional en el país, y mantuvo una activa tertulia intelectual y política hasta el útimo hálito de su vida a pesar de los males que le aquejaron en los últimos meses.
¡Paz a sus restos. Un hombre a carta cabal…!