Rafael Molina Morillo se ha ido

Rafael Molina Morillo, director del hermano matutino El Día, ya no estará más entre nosotros, al menos físicamente. Falleció ayer. En lo adelante su presencia habrá de ser a través de la enseñanza que nos deja como comunicador social íntegro que asumió el ejercicio de un periodismo vertical y responsable, para defender los derechos individuales, las libertades públicas y, muy en particular, la de expresión y difusión del pensamiento.
El dilatado ejercicio periodístico hizo a Molina Morillo testigo de excepción de importantes segmentos de la historia de este país, en tiempos en que desde la profesión, si se era íntegro, se asumían grandes riesgos. El atentado sangriento con explosivos contra la revista !Ahora! y las presiones para tratar de acallar a El Nacional, pionero en el diarismo vespertino y ambos fundados por él, dan fe de los peligros.
Hay que recordar a este hombre en función de sus desvelos por la libertad de palabra desde la Sociedad Interamericana de Prensa, de la que fue su presidente, primer vicepresidente y presidente de la Comisión de Libertad de Prensa. También fue fundador y primer presidente del Centro para la Libertad de Expresión en la República Dominicana, formador de generaciones de periodistas desde las universidades Autónoma de Santo Domingo y Católica Santo Domingo. Produjo el programa televisivo Rueda de Prensa y su columna “Los buenos días de Molina Morillo” se difundió por la radio y se publicaba en principio en HOY y luego en el diario bajo su dirección. En 2010 ganó el Premio Nacional de Periodismo.
Fue director del matutino Listín Diario y subdirector de Revistas de ese mismo periódico y el vespertino Ultima Hora; presidente del Consejo Nacional del Premio APEC al Periodismo José Ramón López; miembro fundador y directivo de la Fundación de la Orquesta Sinfónica Nacional y autor de los libros “La Prensa y la Ley en Santo Domingo”; “Gloria y Repudio”. Fue embajador del país en Estados Unidos y Canadá y Jefe de la Misión Permanente dominicana en la ONU, y secretario de la embajada dominicana en México, cónsul en Panamá.
En fin, estamos hablando de un comunicador social que jamás compartió el ejercicio periodístico con otras ocupaciones y que ha sido omnipresente en una franja prolongada de nuestra historia contemporánea. Un periodista de una verticalidad a toda prueba y de condiciones éticas innegociables. El país ha perdido uno de sus grandes valores. Paz a sus restos.


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