Recital de metas descuidadas

Una y otra vez, en preocupante letanía, se clama por reformas que alcancen la raíz de los males que con énfasis señalan críticos enfocados en infuncionalidades que causan la desigualdad social conectada a bajos ingresos; la todavía limitada calidad de la enseñanza; agudas debilidades en el régimen de consecuencias contra la corrupción y todo crimen; cárceles en situación de desastre y prolongada crisis en la red sanitaria con altos índices de mortalidad por deficiencias asistenciales; y un riesgoso endeudamiento, entre otras malas marcas. Sobre estos clavos remachan desde sus púlpitos obispos católicos y ministros evangélicos seguidos por multitudes respetables. Denuncian que en lo fundamental se marcha mal.

La visión desde el oficialismo no luce sintonizada con aspectos deplorables del cuadro nacional. Suele estar demasiado atenta a cifras que nada tengan de rojo sobre el PBI (sin reconocer la brecha que expone), en niveles de gasto social que, con todo y el festivo optimismo, están por debajo del promedio regional, y en la promoción del desarrollo a base de hechos aislados sin la amplitud y permanencia de lo institucional. Un pesaroso silencio acompaña la falta de profundidad y de prioridades de la gestión oficial con sus dos figuras más señeras, en lo administrativo y en lo político, en condición de inabordables para la opinión pública. Cuasi mudos y con discursos generalmente ajenos a la gravedad.

Un reclamo a los altos rangos

La impresión causada ha sido la misma en el tiempo: la frontera dominico-haitiana sirve poco para detener a viajeros sin papeles. Por ella se trafica impunemente con humanos de Oeste a Este con el incentivo, también impune, que prodigan empleadores locales excediéndose en dar trabajo a los advenedizos. Últimamente autoridades de control de alto nivel han informado de interceptaciones y repatriaciones en masa, como indicación de que han duplicado esfuerzos en el cumplimiento del deber.

Lo extenso del límite territorial hace difícil, ciertamente, contrarrestar lo que en ocasiones asume características de avalancha migratoria. El ministro de Defensa, teniente general Rubén Paulino Sen, que encabeza el reforzamiento, debe lograr que el personal bajo su mando ponga fin a la vulnerabilidad de la línea divisoria.