Recomendación saludable

Una estadística regional indica que la mayoría de la gente -tal vez el 80%- compra medicamentos sin prescripción médica o que en realidad no necesita. De manera recíproca, las farmacias venden esa proporción de medicinas sin ninguna restricción. Estimulantes sexuales, analgésicos, anticonceptivos, antinflamatorios y antibióticos forman parte del amplio abanico de fármacos de venta libre y adquisición en las mismas condiciones. Ese estado de libertad de venta y automedicación descontrolada no es nada saludable para una sociedad.
El tema viene a capítulo por las advertencias que sobre el particular ha hecho en nuestro país el experto salvadoreño José Vicente Coto, quien señaló los altos riesgos que supone este manejo de los fármacos, por lo que recomienda que, al margen de las leyes relacionadas con el registro sanitario y controles de calidad, se apruebe una que disponga regulaciones acerca de la libertad de compra y venta de sustancias sin prescripción facultativa.
En nuestro país la automedicación ha sido factor determinante en el agravamiento de enfermedades y hasta en causas de muerte. El uso indiscriminado de antibióticos es una de las grandes preocupaciones sanitarias, debido a la resistencia desarrollada por microbios como el de la tuberculosis y otros males. Valoremos esa recomendación.

Que la ley sea igual para todos

Por medio de un memorándum, el director de AMET, general Frener Bello Arias, ha instruido al personal bajo su mando para que respete los protocolos de consideración y respeto que deben ser observados ante los conductores, para así evitar confrontaciones o incidentes innecesarios. La medida es saludable. Ninguna autoridad debe ser grosera y apelar innecesariamente a la fuerza de las palabras o las vías de hecho.
La instrucción, que no debe interpretarse como un ablandamiento de la autoridad, debería ser replicada por las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, para que también sus miembros se apeguen a lo que dispone la ley de tránsito. Todos los ciudadanos debemos someternos a las reglas de convivencia, evitando saltar los límites que ellas disponen para preservación de nuestros derechos individuales y colectivos.


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