Recordando el último día  vivido por   Francisco Caamaño

Por Carlos Julio Féliz
15 febrero, 2012 11:48 pm Sé el primero en comentar
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AZUA.- Juana Martínez Tejeda, la dama  que  alimentó a Caamaño y a sus siete acompañantes en Las Cuevas, un pueblito  de Ocoa a más de mil 500 metros sobre el nivel del mar, reveló que hizo llorar al héroe de abril en plena guerrilla en la Cordillera Central.

 Desde su humilde vivienda en la calle Mora número. 92, en el sector La Colonia, en Azua, la provincia por donde entró Caamaño, doña Juana dice que el líder guerrillero entró de sorpresa  a su casita, para pedir algo de comer.

 La dama, nativa de San José de Ocoa, tenía 57 años, diecisiete más que el  guerrillero.  A sus 96 años recuerda muchos de los detalles del histórico encuentro. “Yo había matado un marranito y había preparado en la noche anterior la carne, muchos víveres y yuca para unos trabajadores y mis hijos que debían irse a  Ocoa y por esos caminos se pasaban muchas calamidades”, dice.

 Su rostro lleno de arrugas contrasta con la sonrisa permanente que muestra al recordar con orgullo que fue la última ciudadana en conversar con Caamaño y darle la última comida caliente mientras los guerrilleros evadían la persecución de  los militares, horas después de haberle creado las primeras bajas a las fuerzas regulares del Gobierno que encabezaba Joaquín Balaguer.

 “Ay, que Dios lo tenga en la gloria. Le di cuatro platos rebozados de carne y víveres y le mandó a sus otros compañeros que estaban en una lomita y otros que le esperaban fuera de la casa”, dice la anciana.

 Me dijo que le diera más y después me pidió café, dice llena de emoción doña Juana. Y después que comió me dijo: “ahora le voy a decir quién soy yo. Yo soy el coronel Caamaño”.

  El líder de Abril y Caracoles, quien tenía como seudónimo “Román”, se fue en lágrimas cuando doña Juana le pasó la mano por la cabeza, le dio un beso y le dijo: “Ay, mi hijo, por qué no te condoliste de los senos de tu madre”.

 “Eso hizo que se fuera en lágrimas” –dice doña Juana- y recordó que luego  le preparó una funda de comida.

 Con Balaguer.  La dama cuenta que Balaguer la visitó y que ella le dijo:    “Doctor, usted dijo que me iba a quitar la vida porque yo le di comida a los guerrilleros. Yo no sabía que eran guerrilleros, pero lo hubiera hecho como quiera porque yo soy madre”, confiesa la dama.

 Recuerda también que, previo a la visita de Balaguer, un oficial la amenazó con fusilarla para que buscara a Caamaño porque según el militar ella lo tenía escondido y que su respuesta fue: “Sí, pero vaya usted adelante porque yo no sé dónde está”, dice Juana como contando una película de terror.

Estando debajo de un árbol, el líder  guerrillero sacó un mapa  y le preguntó a los dos hijos de doña Juana dónde quedaba Piedra Colorada. Preguntó también si por allí había alguna carretera. 

 Su hijo Francisco Sánchez Tejeda, alias Panchito, tenía 15 años y recuerda que le respondió a Caamaño que había una carreterita no transitable por unos aserraderos abandonados de la familia del señor Delio Guzmán.

 Caamaño le pidió a él y a su hermano mayor, llamado Jesús, que lo acompañaran hasta el Arroyo Guarantén a unos 300 metros de la vivienda.

 Antes de separarse de nosotros Caamaño nos dijo: “díganle a las tropas que por aquí pasó el coronel Caamaño con sus hombres y que cogieron por el arroyo. Díganle que para rendido primero muerto”.

 Cuenta que los guerrilleros subieron una roca empinada de la loma conocida como El Rancho. Después escuchamos bombas y  un tiroteo, dice Francisco, tras recordar que los guerrilleros dejaron abandonados pertrechos militares y alimentos enlatados.

 Antes de estos incidentes, Caamaño y sus hombres habían pasado por Mesa Domingo y compraron algunos alimentos, previo a subir al Tetero Mejía. Doña Yolanda Noboa, quien tenía ocho años, recuerda que Caamaño habló con varios de sus compañeritos. “Nos dio caña y no pasó la mano por la cabeza a todos”, dice la dama quien ahora tiene 47 años.

 Horas después, los guerrilleros tuvieron su primer encuentro con unos militares que les seguían con algunos prácticos del lugar.

 Fue cerca de un arroyito que Caamaño sacó de apuros a Hamlet Hermann y a Lalane, quienes frente a un sargento de las tropas regulares, que les pidieron identificarse, no asumieron una actitud acorde con el supuesto rango de los dos guerrilleros.

 “¿Desde cuándo, carajo, un sargento no se pone en atención frente a un coronel?”, reaccionó Caamaño, lo que provocó que los militares que le seguían se retiraran de allí de forma inmediata.

 Horas después se produjo el primer tiroteo en el que murieron tres miembros del Ejército Nacional y Lalane resultó herido.

 Claudio Caamaño dice que las peores dificultades empezaron antes de subir a la montaña. Y recuerda que navegaron equivocados frente a los arrecifes de Barahona por la zona de Paraíso y Enriquillo hasta  llegar a Alto Velo, provincia de Pedernales, donde el motovelero sufrió una avería.

También cuenta que el peor susto de su vida se lo dio cuando, estando ya en la Bahía de Ocoa y tras el desembarco, por una confusión estuvo a punto de matar a tres de sus compañeros que salían a nado.

 El grupo guerrillero desembarcó por el paraje La Boquita, entre Estebanía y Las Charcas. Tomaron un carro, hasta Las Charcas, luego un camión y posteriormente un jeep que los transportó hasta El Cercado. Este último vehículo permanece en Azua.

 El grupo guerrillero estaba compuesto por Everto Geordane Lalane, Mario Nelson Galán Durán, Eugenio Pérez Vargas,  Juan Ramón Payero-Ulloa,  Ramón Euclides Holguín Marte, Claudio Antonio Caamaño Grullón, Carlos Toribio Peña Jáquez, Hamlet Alberto Hermann Pérez y Francisco Alberto Caamaño Deñó, el héroe  de la Guerra de Abril y la guerrilla de Caracoles.

Las claves

1. La última comida

Juana Martínez Tejeda  le dio a Caamaño la última comida: carne de cerdo con víveres. También fue la última  persona que pudo conversar con él.

 2.  ¿Por dónde ir?

Cuando Caamaño se iba a retirar del lugar, Francisco Sánchez Tejeda, alias Panchito, le dijo por dónde ir. Tenía 15 años.

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