Reflexiones al final de la jornada y 5. Inicia el 2018

30_12_2017 30_12_2017areito Areíto4

Estrella del amanecer,
Esplendor en la noche oscura,
Rayos de luz en mi caminar,
Guía mi sendero escabroso,
Hacia la luz un nuevo amanecer,
Llena de esperanzas, llena de ilusiones
Cual cenit del otoño y brote primaveral.
Donde el sol abraza la tierra,
dando calor a la fría mañana;
con él, el despertar de las flores
y el revolotear de las mariposas.
Donde cesa la tiniebla y callan los ríos,
Con el trinar de las aves
y risas de niños alegres,
¡Oh! estrella de amanecer,
Vuelve una vez mil veces,
anuncia un nuevo amanecer,
que la noche se torna larga y tenebrosa. Lucero del Alba.
Este año 2017 ha sido duro, de risas, llantos y satisfacciones. En materia profesional mi vida siguió su ritmo acelerado de actividades. Como mujer que vive de su trabajo académico, puedo sentirme satisfecha. El trabajo se ha coronado con frutos que inspiran a seguir batallando.
En lo personal sigo disfrutando de mis tres regalos de Dios: mis nietos. Junto a ellos, mi compañero de siempre y para siempre, Rafael; y nuestros hijos y yernos, que son tan míos como suyos. La gran familia presente en las buenas y las malas, como nos ocurrió este año.
Desde el Centro de Estudios Caribeños, hemos construido nuestro nombre y ampliado el alcance. Iniciamos el Doctorado en Historia del Caribe; hicimos los aprestos para iniciar en enero la Maestría en Estudios Caribeños; ya hemos hecho dos entregas de la Cátedra Frank Moya Pons de Estudios Caribeños. El año pasado la iniciamos con un solemne acto de instauración y en octubre pasado trajimos a Anthony Maingot, uno de los grandes especialistas sobre el Caribe. Además pusimos a circular una publicación de la Cátedra, que se llama serie Conferencias. Pronto iniciaremos otras cátedras y con ellas nuevas actividades de divulgación.
He tenido la dicha de ser la primera mujer presidenta de la Academia Dominicana de la Historia. Un año de grandes desafíos, preocupaciones y satisfacciones. Los cuatro últimos meses del año 2016 fueron de ajustes. Iniciamos el 2017 con buen pie. Además de las actividades cotidianas de cada miércoles, se realizaron tres seminarios de historia local: La Vega, Santiago y San Pedro de Macorís. Se realizaron unos 5 cursos de investigación histórica y sobre todo se realizó el XII Congreso Dominicano de Historia. La Junta de la Academia, pese a las personalidades de sus miembros ha logrado cohesionarse y trabajar armónicamente. Pero yo creo que el mejor logro ha sido la integración de los miembros de número, correspondientes y colaboradores. Ha sido un trabajo duro y satisfactorio. Feliz me siento de haber sido bendecida con esa experiencia.
El año 2017, ustedes lo saben, mis fieles lectores, he sufrido profundamente. Ha sido de dolor y despedida. Peng Sien, el hermano soñador, el Quijote de siempre que luchó con los males de su amada ínsula, se nos fue en un santiamén. Tres meses de intenso sufrimiento para despedirse de nosotros, su familia nuclear y ampliada. La satisfacción que nos dejó su partida fue el testimonio masivo de los que lo conocieron. Era un hombre ejemplar, entregado en cuerpo y alma a los menos favorecidos. Un ser excepcional a quien nunca le importó su bienestar económico, sino la causa de sus sueños. Es increíble que hace más de 90 días que le dijimos adiós con el corazón hecho trizas. A veces me engaño diciéndome que es mentira, entonces hago que mi inconsciente rebelde mire las fotos de la realidad. Debo asumir su ausencia como una verdad incuestionable. Y así, como he expresado en los últimos artículos, la muerte nos acecha y su presencia es siempre inesperada.
Quiero seguir siendo una persona positiva, quien a pesar de ver el curso del mundo, sigue soñando por un mañana mejor.
No elaboré como cada año una lista de deseos por cumplir. Siguen siendo, lamentablemente, los mismos. Parece que nos hemos quedado en la forma, olvidando las profundidades del alma. La tecnología nos ha llenado de información y nos ha secado el corazón. Las luces de la apariencia nos han segado, han castrado la capacidad de soñar, de pensar y de amar.
Quiero apostar a la vida, quiero apostar a la esperanza, quiero apostar al renacer, quiero apostar a la vida, quiero apostar a los sueños, a las utopías, a los eternos valores de amor y humanidad.
Quiero que en el 2018 los hombres y mujeres de buena voluntad asuman su vida con compromiso y entrega. Que nuestros esfuerzos sean para construir un futuro mejor. Amén.


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