Reflexiones en 3D

Eusebio Rivera Almodóvar

Me encantaría usar este espacio para comentar cosas buenas y reconfortantes, como serían los jonrones y juegos ganados o decididos por dominicanos en Grandes Ligas, el atractivo embriagador de nuestras playas, los conciertos, estrenos de cine y la dicha de poder compartir con familiares y amigos en buen estado de salud; pero no puedo, porque me arrepentiría si desperdicio una oportunidad de reflexionar en 3D sobre el caso Odebrecht:
D1: ¿Cómo es posible que la desvergüenza se una al cinismo cuando las autoridades descaradamente “acondicionan” celdas para prisioneros cuyo privilegio se fundamenta en el monto extraordinario de dinero indebidamente acumulado a expensas de sus funciones públicas, mientras los demás prisioneros tienen que soportar privaciones y violaciones a sus derechos por delitos de mucho menor importancia?
D2: Podría decirse que estamos subdesarrollados en corrupción y por consiguiente todavía se podría forzar el apresamiento de otros implicados en fraudes al Estado, pero, mientras tanto, algunos corruptos más experimentados podrían aprovecharse utilizando niveles más elevados de tejemanejes, haciéndose cirugías para transformar su rostro, manteniendo o abriendo nuevas cuentas “offshore” en “paraísos fiscales” con el “secreto bancario” establecido, utilizando testaferros pagados o no, semi-analfabetos o no (¡pobre multimillonario amigo de Diandino!) y tal vez, ante la desesperación, usando la violencia criminal.
D3: El ex presidente Leonel Fernández afirmó recientemente que la corrupción es un fenómeno mundial, pero obvió el hecho de que en pocos países (tal vez ninguno) como en el nuestro, el emblema de la justicia ha quedado sin venda, sin balanza y sin espada y ahora es como el David de Miguel Ángel, un desnudo, excelente para fotos de turistas, pero inservible para aplicar la Ley.