Remozando la esperanza

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Actualmente la nación dominicana está pasando por una etapa bien difícil, de salto y asalto, parecida a la sufrida en países similares de la región, Centroamérica, el Caribe y América de Sur, sin mencionar lo que está ocurriendo en otros continentes que se desgarran entre guerras y acciones terroristas y no la están pasando nada bien.
Parecería ser el signo de nuestro tiempo, de la etapa de transición de la que nos habla Karl Mannheim, eminente sociólogo alemán en su libro “Diagnóstico de Nuestro Tiempo”, partiendo del análisis científico de una sociedad que transita entre el “laissez faire” a una sociedad planificada que “no hay duda de que está enferma y que hay que curarla” y se debate entre una dominación minoritaria y un nuevo tipo de gobierno democrático, con los tantos recursos tecnológicos y medios de control social eficaz disponible que la cuestión a saber no es la eficacia del control “en extremo eficaz” sino del uso y aplicación de ese método que puede servir para la libertad o la opresión según la intención y propósito de quienes ostenten el poder. “Lo más importante acerca de estas técnicas modernas, nos dice Mannheim, es que tienden a fomentar la centralización y por tanto la dominación minoritaria y la dictadura”.
El drama que está viviendo a nivel mundial y que toca a la nación dominicana que sigue los aprestos de consolidación y permanencia en el poder de parte de la cúpula de un partido que se ha visto atrapado entre las redes de la corrupción y la impunidad, no solo por el escándalo internacional del Odebrecht que salpica a sus máximos dirigentes y que ha soliviantado la rebeldía traducida en enérgica protesta masiva, a nivel nacional, de todo un pueblo integrado por diferentes sectores de la sociedad hastiado de tantos males y abusos que no se resigna y desea ponerle fin al actual estado de cosas de crecimiento económico y endeudamiento público, de bienestar de pocos y marginalidad y miseria de muchos, que propugna de manera ordenada por el cambio institucional, por la justicia social y leyes justas que le permita transitar pacíficamente por mejores caminos, lo que se refleja en las concentraciones de miles de personas, hombres y mujeres, jóvenes y adultos ancianos de edad avanzada, diversas clases sociales, que voluntariamente acuden al llamado de la Marcha Verde, cada vez más fuerte y vigorosa, sin temor al mal tiempo ni a las fuerzas represivas que, afortunadamente y con buen tino, no se han hecho sentir, ni dejado provocar por algunas voces desaforadas como la de un posible infiltradoque en la pasado marcha del domingo 28, enmascarado de “comunista” con camisa roja, armado de un potente megáfono, incitaba a las masas a tomar el Palacio, a quien me le acerqué para susurrarle al oído: “Ve tú primero, da el primer paso que yo te sigo, ¡cretino!” Escabulléndome entre la multitud que levantaba sus banderas, letreros y consignas y cantaba a coro el Himno Nacional, remozando la esperanza…