Requiem para Happy

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“Acumular información es sólo el primer paso hacia la sabiduría.
Pero compartir información es el primer paso hacia la comunidad”
 
Henry Lewis Gates
 
El réquiem es una larga oración medieval hecha en latín que se utiliza para rogar por los difuntos. Es un tipo de canto gregoriano que siempre empieza con la palabra réquiem, acusativo de “requies” que significa “descanso”, se canta en la misa de difuntos cristiana para recordar a los dolientes el significado de la muerte  para el creyente. Etimológicamente, la palabra proviene del vocablo “requiescere”, el verbo “quiescere” se traduce como “calmarse”, “reposar”, “aquietarse”, precedido del prefijo “re” que señala una repetición.
Desde hace muchos años, tengo la costumbre de reconocer el espíritu que habita en toda la creación. Quienes me conocen saben que mis cosas tienen nombre. ¿Cómo no le iba a poner un nombre a mi primera Macbook pro? Aún recuerdo la emoción que sentí cuando llegué a la casa con ella en brazos como una madre primeriza.
Era tan increíblemente delgada, ligera y hermosa, que al manipularla me sentía torpe e insegura. La llamé “Happy”, por la enorme felicidad que aportó a mi vida. Cuando la nombré, aun no podía sospechar lo atinado que sería su nombre. Junto a Happy creé cosas maravillosas que llevaron mi carrera, mis relaciones y mi desarrollo personal a niveles indescriptibles. La palabra “felicidad” procede del vocablo latino “felicitas” que puede traducirse como “fértil”.
Al pasar el tiempo, la relación con Happy se fue transformando en simbiótica, una de las interacciones más fascinantes que ocurre entre especies diferentes. El término fue acuñado por el biólogo alemán Heinrich Anton de Bary (1879), quien tomó la palabra griega “syn” que significa “con” y “biosis” que significa “vivir”. Tal cual pasa en muchas relaciones, di por sentada la presencia de Happy en mi vida y no me preparé para una despedida. Pensé que la cantidad de tiempo que pasábamos juntas era sinónimo de un compromiso bilateral.
No me di cuenta que poco a poco me fui separando del hermoso sentimiento que nos unió. Pasaba por Facebook y le iba entregando docenas de interesantes artículos que no podía leer en el momento. Abría Twitter y seleccionaba varios links, a los que etiquetaba como favoritos en búsqueda, para verlos con tranquilidad en un momento oportuno. En YouTube guardé casi un centenar de videos (solo de TED talks tenía docenas) para cuando tuviera un tiempecito relajado.
El poeta griego Sófocles dijo: “Siempre se repite la misma historia: cada individuo no piensa más que en sí mismo”.Happy se hizo cargo de montones de carpetas que contenían artículos, materiales, entrevistas, fotos, imágenes, etc. Nunca me dió indicios de que era mucho para ella, y yo nunca me detuve a pensarlo.
Dentro del proceso de reingeniería humana que estoy haciendo, he visto muchas cosas que funcionan en mi vida. También me he hecho consciente de muchas cosas que no funcionan, una de ellas es que sin darme cuenta me convertí en una acumuladora de información. Me identifiqué tanto con el contenido de mi computador, que empecé a padecer el FOMO (Fear of Missing Out o “Miedo de perderse)
Hacia afuera podía parecer que no. La gente me reconoce como una persona generosa con el conocimiento, y es así de cierta manera. Además de mí, Happy era la única que sabía que estaba guardando mucho más de lo que entregaba. La acumulación (de lo que sea) es un síntoma de que el miedo está ocupando un espacio físico en nuestras vidas.
¿Sabes lo que ocurre cuando te das cuenta de algo que cumplió su utilidad (o te hace daño) y no lo sueltas? ¡ocurre algo dramático para que lo pierdas! Hace unos días Happy dejó de responderme. La llevé al taller y luego de largos días de espera, recibí una llamada en la que la desahuciaron. No entiendo mucho el lenguaje tecnológico, pero comprendí que había tenido una especie de ACV. Su cerebro colapsó, y aunque aún muchos de sus sistemas funcionaban, sin un cerebro que ordenara los procesos también sufrirían un patatús.
A menudo, la sobresaturación de información es una de las formas que usamos para paralizar una acción. Ser una administradora de información no es parte de mi visión, pero, ¡ser una generadora de contenido sí! El estrés al que me sometía la cantidad de carpetas esperando mi atención, sumado al tiempo que se iba   publicando mensajes en las redes sociales, revisando correos o siguiendo a la gente que admiro, me dejaba agotada y sin entusiasmo.
Una de las tareas que elegí hacer en RH es hacer una lección diaria de UCDM (un curso de milagros). Hace pocos días hice la primera lección: “Nada de lo que veo significa nada”. Cuando la hice seguí la recomendación de que la aplicara a un objeto con el que tuviera apego. Lo hice con Happy y dije: “Esta laptop no significa nada”. De este modo, podría ver en profundidad lo que se escondía tras el apego. 
Inmediatamente, mi mente comenzó a justificar el valor de mi Macbook: “¡Por supuesto que significa mucho!”, “Sin ella no podría investigar, compartir ni escribir” “¡Además, cuesta mucho dinero!. Estos pensamientos revelaron mis creencias ocultas. ¿Estaría relacionada la muerte cerebral de Happy con esto? ¿Habría yo puesto demasiado de mi felicidad bajo su responsabilidad, en vez de hacerme cargo yo misma?
La Mente del Principiante es el título de un maravilloso librito que introduce al lector en el pensamiento Zen. Según el autor, debemos tener una mente abierta, dispuesta a encontrar un nuevo significado en todo para alcanzar la sabiduría. Ser sabio no se trata de acumular conocimientos y experiencias, sino de utilizarlas para agregarle valor a la vida, propia y de los demás.
El filósofo griego Aristóteles decía: “El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona”. La persona sabia se desprende con facilidad de lo que dificulta su avance y crecimiento. Sabe diferenciar lo que drena de lo que ofrece energía. Es agradecido con todo lo que le ocurre, pues sabe que lo generó para aprender una lección vital.
Este lunes, pasarán toda la información al nuevo computador y desconectarán a Happy. Gracias por entregarme de vuelta lo que deposité en ti. Requiem dona eis domine (Dale Señor descanso).

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