Resabios contra nuestras relaciones con China Popular

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En nuestra entrega sobre este tema intitulada: “Doloroso, mas necesario y previsible”, manifestábamos que la República de Taiwán, que fuera nuestra fiel y cooperadora aliada por más de setenta años, no merecía una drástica y dolorosa ruptura de relaciones exteriores de parte de nuestro país como sucedió, teniendo en cuenta que los acuerdos comerciales entre ambas naciones, habían favorecido ampliamente a Dominicana.
A raíz de la firma, el Encargado de Negocios de los Estados Unidos de América, Robert Copley, a la salida de una entrevista con el presidente Danilo Medina, declaró: “Que el gobierno de los EE. UU. está preocupado por la forma y el momento en que la República Dominicana estableció relaciones con China Popular y la posibilidad de que inversionistas chinos afecten los derechos laborales y el medio ambiente”.
De su parte, el desfasado senador de la Florida, Marco Rubio, intuyó un soborno, ya que la presidente de Taiwán, Tsai mg-Wen, tenía la intención de invitar al presidente Medina a Taipéi. Esta a su vez, tildó de chantaje de parte de la República Popular China (RPC), para disminuir el número de países que reconocen el suyo.
Otro importante funcionario del Departamento de Estado también tildó de nefasto el reconocimiento de la RPC de parte del gobierno de la República Dominicana, quien a su vez olvidó–tal vez a propósito– el principio de la determinación de los pueblos y el derecho de soberanía de nuestro país.
Es importante recordarles a estos funcionarios de los EE. UU., que el 19 de junio de 1960, el entonces presidente Dwight Eisenhower, el responsable de las tropas aliadas que hizo capitular a la Alemania hitleriana, al lado del presidente chino Chiang Kan-shek, realizó un amplio recorrido en caravana por las calles de Taipéi. Además, firmó un comunicado condenando a China por haber bombardeado los alrededores de la isla Kinmen. En la noche antes de su partida, leyó un discurso ante medio millón de taiwaneses. La visita de Eisenhower constituye la única que un presidente de los EE. UU. haya realizado a Taiwán. Entonces, ¿si esto lo hizo el presidente héroe de la II Guerra Mundial, porqué desaprueban que un pobre canciller de un país del tercer mundo, firme un documento estableciendo relaciones diplomáticas con la RPC?
A nuestro entender, Taiwán que en los años ‘50 tenía un PIB muy similar al nuestro, debió haber aprovechado las intrigas de la Guerra Fría para haberse declarado como país independiente y no pretender forzar a China a su reconocimiento. Recordemos, que al principios del ‘60, Singapur estaba en una situación similar, al extremo que su territorio le fue ofrecido gratuitamente a Malasia y este país rechazó la oferta por el estado de pobreza en que se hallaba. Sin embargo, aquella dolorosa independencia permitió al fundador del Singapur moderno, Lee Kuan Yew, llevar a convertirlo en una desarrollada y pujante nación, constituyendo uno de los más aventajados y progresistas “tigres asiáticos”.
Es obvio, que hacía tiempo nuestro país debió haber propulsado las relaciones con la RPC debido al gran volumen de negocios que representa. También debimos haber aquilatado, que debido al bajo costo de la mano de obra china, todas las grandes corporaciones de los Estados Unidos de América tienen sus fábricas de producción y ensamblaje en China. Basta tomar cualquier electrodoméstico, piezas de repuesto para automóviles e inclusive las herramientas de trabajo, tienen escrito: “made in China”.
Para la República China de Taiwán ha sido muy dolorosa esta abrupta rotura de relaciones diplomáticas, las cuales hacía tiempo estaban pronosticadas. Les queda el consuelo de que Haití -que sí necesita todo tipo de ayuda urgente-ha manifestado su intención de no romper sus lazos diplomáticos con Taiwán. Con todas las ayudas económicas y tecnológicas que nos brindó Taipéi y lo mal que le pagamos; solo nos queda recordar el proverbio: “Cría cuervos para que te saquen los ojos”.