Responso por César Medina

Los seres humanos de la trascendencia de César Medina no desaparecen cuando se desmaterializan para escalar otra ignota dimensión, sino que se desvanecen físicamente para trascender en la memoria imperecedera de los aportes magníficos a su sociedad.
Es cuanto acontece con el desvanecimiento de César Medina este 20 de septiembre, luego de un forcejeo con un cáncer hepático por once meses que postró su físico, nunca la química de su rol de comunicador excelente, veraz, agudo, inconforme siempre con la noticia que rastreaba, como un imán a las partículas ferrosas.
Trabé migas con César en l97l, cuando era reportero de Última Hora asignado a la Policía, y yo gerente comercial del vespertino, y con saltos por su rol de embajador en Chile, Panamá y España, perdimos el contacto, jamás el afecto original.
Recuerdo como Gregorio García Castro, periodista fuera de serie en creatividad noticiosa y caudaloso talento, hermano afectivo, me decía cuando César regresaba de colectar la noticia del día, sudoroso y desgreñado: “Observa a César, lo rápido que escribe, aguarda, que ese casi seguro será el principal del lid del periódico”.
Y así la mayoría de las veces acontecía.
César evolucionó de reportero a creador de espacios televisivos y radiales, formando varios segmentos que consolidó en una empresa informativa, pero nunca desertó de lo que siempre entendió eran los mejores intereses del país, arrimando su talento y conocimientos y tejemanejes de los Tiranosaurios Rex que tercian por dominar el escenario político, que conocía perfectamente a todos.
Su extensa dimensión como comunicador consistió en respaldar por convicción, no por conveniencias, las causas supremas del interés nacional, y todas las versiones encontradas proceden de los envidiosos y carentes de talentos que nunca han logrado escalar los niveles profesionales de César.
Vade in pace, amigo del alma.