Responso por un hombre honesto

Ubi Rivas.

La desmaterialización de Juan Arístides Taveras Guzmán, Títole para sus familiares y quienes nos honramos con su amistad, concita a una profunda reflexión conectada con la semblanza de un hombre honesto, la más bruñida y permanente herencia de un ser humano a su familia y sociedad, que esplendieron por todo lo alto en este noble y campechano referente humano que nos abandona en lo físico para siempre, nunca en sus ejemplos.
Trabé migas con Títole en la década difícil y dura de los años 70 del siglo XX, a raíz de publicar su libro “La cuarta República: la de Balaguer”, donde describe cómo su líder y gran amigo el presidente Joaquín Balaguer restauró la soberanía, luego de la segunda afrentosa intervención del imperio en 1965.
En los años 80 entre mi hermano afectivo Cándido Gerón y el suscrito, asistimos a Títole a organizar su segundo libro contentivo de vivencias y discursos desde su bachillerato en Moca.
Con frecuencia siempre compartí momentos gratísimos en su hogar con su esposa Gisela e hijos, y en cumpleaños donde solía traer desde Guatemala a su básiga cantautor Hugo Leonel Vaccaro.
Grandes atractivos personales me vincularon a Títole, su acrisolada honestidad, su natural humildad, su permanente demostración de conformidad, su innata alegría, su sentido de mesura conversando, su enfermiza lealtad al presidente Balaguer, su devoción a su esposa e hijos, su gran clase humana, su rechazo a términos verbales ofensivos o incorrectos.
Pocos políticos dentro y fuera del PRSC consiguen imitarlo. José Joaquín Bidó Medina y Luis de León en el PLD; Eudoro Sánchez y Sánchez, Ito Cruz Infante, Fernando Infante y Mario Read Vittini en el PRSC; el presidente Antonio Guzmán en el PRD.
Vade in pace, Diógenes caribeño. Amigo entrañable e inolvidable.


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