Restaurar conceptos a Francisco Domínguez Brito

Ubi Rivas.

El deber de conciencia es el primero en el hombre justo que aspira honrar la memoria del Nazareno, como es el caso nuestro y de Francisco Domínguez Brito, en mi caso, seguidor del divino rabí de Belén, en otro, un confeso conventual.
“Sed justos, lo primero”, postuló el Único Padre de la Patria, el inmaculado Juan Pablo Duarte Díez, con quienes amarramos sentires el suscrito y Francisco Domínguez Brito.
Esta entrega aspira todo lo consignado en los dos párrafos precedentes, para restaurar conceptos vertidos por el suscrito en mi entrega anterior en referencia a que Francisco Domínguez Brito se decantó por recomendar al presidente Danilo Medina que el Parque Botánico de Santiago de los Caballeros lleve por nombre Eugenio de Jesús Marcano.
Resulta que mi especial afecto, la fina poeta y consagrada docente doña Elsa Brito viuda Domínguez, con quien sostengo comunicación grata, a quien admiro y quiero, progenitora de Francisco, me llamó para aclarar que su Marcano no es padrino de su hijo ni ella tiene parentesco con Marcano ni su familia, y que la ponencia para que el Botánico de Santiago ostente el nombre de Marcano surgió de la UASD.
Expongo mis sinceras disculpas a Francisco, contra quien no albergo animadversión alguna porque no ejerzo la política partidaria, sino conceptual, a quien acusé de corrupción conceptual, afincado en las confidencias de que fue el gestor de que el Botánico de Santiago lleve el nombre de Marcano, en vez del doctor José de Jesús Jiménez Almonte, el botánico y científico más completo nacido en RD.
Es la UASD quien tiene y debe de enmendar su garrafal error valorativo, y ponderar en su justa dimensión los méritos del doctor Jiménez para honrarlo, y honrar mejor y más justo, al Botánico de Santiago.