Retorno al pretérito

Retornar al pretérito es vivir dos veces experiencias que pasaron y las que en ese momento recordamos, una gratísima fruición espiritual que nos aproxima a variopintos orígenes de hogar, aulas, profesores, condiscípulos, entorno nacional de personajes y costumbres, muchas extintas, como ciertas especies de la vida animal y vegetal, el respeto al prójimo, la decencia en la conducta y expresiones, algunas de ellas.

Retornar al pretérito fue la tenida de estos días entre condiscípulos lasallistas del Primer Santiago de América al finalizar la cuarta década del siglo XX, que sostuve con los añejos e insepultos afectos Daniel Arturo Espinal, anfitrión exquisito con su esposa Leticia, José Israel Cuello, Guillermo Bonnelly Kniping, mi querido primo hermano Enriquillo Rivas y Eduardito Sánchez Franco, a quien no veía desde hace medio siglo, y sus respectivas consortes.

Pasar revista a situaciones de hace medio siglo, cuando la infancia conducía nuestra psiquis y por ende, actitudes, en una época tétrica en que apenas sí percibíamos el peligro que saturaba el medio ambiente como ahora el desorden, el efecto invernadero y la indecencia, consistió en dimensionar el efluvio divino de la inocencia que conducía nuestro accionar y las derivaciones de ese nacer a la sociedad y a los afectos que concluyen con la existencia.

Faltaron muchos, es cierto, pero todos estuvieron presentes en las menciones, evocaciones de sus improntas, algunos idos en el viaje de un solo boleto, sin retorno, abordamos los peligros finales que enfrentaron muchos que le costaron la vida en La 40 y que nos obligaba a suspender el conversao por unos momentos, para retornar con el ímpetu cabalgando en la memoria, variando el tema, y recordando a Lucho Gatica en el reloj para que detuviera su camino y tornar esa noche perpetua.