Romper círculos de violencia

Tahira Vargas

El horrendo crimen perpetrado contra una pareja dominicana en Pedernales por un nacional haitiano, es totalmente condenable. Debe el sistema de justicia dominicano en colaboración con el haitiano dar respuesta efectiva al caso con aplicación de las penas correspondientes. Este hecho provocó que un grupo de dominicanos como represalia persiguiera y ejerciera violencia en forma indiscriminada contra familias de origen haitiano residentes allí.
¿Por qué se produce esta conducta en forma colectiva y descontrolada?
En este año se han registrado muchos crímenes horrendos así como otro tipo de acciones criminales como: abuso sexual, incesto, explotación sexual-comercial, narcotráfico con involucramiento de personas dominicanas y de otras nacionalidades. Llama la atención que solo en casos en que los crímenes son realizados por un nacional haitiano es que se produce la reacción de conductas de violencia indiscriminada y colectiva.
Estas acciones de Pedernales, así como las ocurridas en otros momentos en Hatillo Palma, Neyba y Guayubín manifiestan un sustrato de antihaitianismo y xenofobia que es preocupante. A través de algunos medios de comunicación y las redes sociales, desde hace varios meses se ha estado promoviendo actitudes discriminatorias con discursos nacionalistas fervientes reducidos al antihaitianismo (pues no se identifica una amenaza de ocupación en la presencia de grupos de otros países).
La Comisión Nacional de Pastoral de Migrantes envió un comunicado público en el que hace un llamado tanto a las autoridades dominicanas como a las haitianas sobre los conflictos presentes en ambos países. “Que cese la discriminación social, el antihaitianismo, el antidominicanismo, la xenofobia y el racismo de las élites dominantes (de ambos países) que envenenan e impulsan a los dos pueblos a practicar comportamientos y discursos plagados de prejuicios raciales contra los vecinos y contra sus propios hermanos”.
Suscribimos este llamado y entendemos al igual que la Pastoral que se hace necesario y urgente una ruptura de los círculos de violencia, discriminación y exclusión en nuestra sociedad en todos los ámbitos y especialmente en las relaciones con la población migrante. Reconozcamos que somos un país receptor y emisor de migrantes, la xenofobia y el racismo se puede revertir contra nuestra gente dispersa por muchos lugares del mundo.
“Promover una cultura de acogida, que a su vez va de la mano con la cultura de paz para una sana-respetuosa convivencia y relaciones bilaterales” como bien plantea la Pastoral de migrantes en su documento es una tarea de: Estado dominicano, Estado Haitiano, sectores de poder económico y político, instituciones que hacen vida en el país y de cada uno de nosotros los que compartimos este hermoso, rico y valioso territorio independientemente de nuestro origen étnico y social.