“ROSA” NARRATIVA POÉTICA DE JUAN BOSCH

Manuel Raposo (Juan, en la obra) junto a los otros excelentes intérpretes, cuya escogencia fue un logro más del director.

El hermoso bolero “Paraíso Soñado” del compositor dominicano Manuel Sánchez Acosta, inunda la Sala Máximo Avilés Blonda, nos acaricia y remite a épocas pasadas, es una alegoría ideal. La escena minimalista, con elementos básicos, recrea el bohío; entran los actores, permanecen inmóviles, escuchando el mítico bolero, tras el cual… inicia el ritual.
Ciertamente de eso se trata, de un ritual concebido por Fausto Rojas, quien fungiendo además de director, como dramaturgista, proyecta en el espacio la narrativa poética de Juan Bosch, específicamente de su cuento “Rosa”, y tras una reflexión crítica del hecho literario, lo convierte en escritura escénica, en una obra teatral perfectamente estructurada.
En este cuento como en muchos otros, Bosch describe la vida sencilla, con sus romances, tragedias, angustias y tribulaciones, del campesino dominicano, específicamente, del cibaeño, condición, que se manifiesta en la puesta en escena, con las alteraciones fonéticas, propias de la región, que los actores de la Compañía Nacional de Teatro, consiguen con singular gracia y maestría.

La sensibilidad social de Bosch, la posesión de la tierra, es una constante en su cuentística, en “Rosa” se expresa a través de frases como ésta: “prefiero ser explotado que no explotador”.

El protagonista de la historia es Juan, un humilde campesino, que tras su periplo aventurero, regresa a las tierras de su antiguo patrón, el viejo “Amézquita”, quien lo recibe con beneplácito; pero el motivo subyacente de su regreso es Rosa, la hija del patrón, quien para su sorpresa, vería complaciente la unión de ambos. Juan además de personaje, es narrador de su propia historia, ama a Rosa, pero la duda, -elemento esencial- se apodera de él, y cree amar más su propia libertad, su “paraíso soñado” tan simple, como poseer su propio bohío.
“Rosa” es la típica muchacha de campo, tímida pero no exenta de coquetería y pareciera amar a “Juan”; “Martha” es la criada perspicaz. Otro personaje especie de antagonista es “Inocencio” que preso de los celos, provoca el encuentro con “Juan”, produciendo el climax de la obra. Los demás personajes, el pulpero “Antonio Rosado”, el amigo “Nisio Santos”, y “La vieja”, son parte de este pequeño entorno rural, donde la murmuración abyecta, desata las pasiones.
Los personajes del cuento tienen excelentes intérpretes, cuya escogencia es un logro más del director. El carácter dubitativo de “Juan” está perfectamente concebido por Manuel Raposo, su actuación es estupenda, orgánica, verosímil, nos permite adentrarnos en la psicología del personaje creado por Bosch. Pachy Méndez interpreta a “Rosa, sin hipérboles, proyectándola en su justa dimensión semántica.
Con maestría, el experimentado actor Miguel Bucarelly, encarna al noble viejo “Amézquita”, logrando además una dialéctica entrañable con “Juan”; la escena de su final es conmovedora, plásticamente atractiva. Ernesto Báez, con buena dosis de histrionismo, interpreta al temperamental “Inocencio” en su justa dimensión. Los actores: Wilson Ureña y Orestes Amador, en sus breves intervenciones asumen con verdadero acierto, sus respectivos personajes “Antonio Rosado” y “Nisio-Santos”. Dignas de mención son las actuaciones de Maggy Liranzo, “Martha” y Cristela Gómez “La vieja”. Una presencia volátil, parte de la movilidad escénica continua, es la de “Neblina”, asumida por Francis Frica.
La puesta en escena de Fausto Rojas es verdaderamente creativa, cada elemento se integra al conjunto, son parte de una totalidad coherente y atractiva; la banda sonora es un punto a destacar, así como las luces diseñadas por Bienvenido Miranda. La inclusión de dos titiriteros: Canek Denis y Alejandro Moss, dando vida a dos canes “Rabonegro” y “Mariposa”, es algo novedoso que enriquece la propuesta escénica.
El final ambiguo cónsono a la narrativa es aprovechado por el Director. “Juan” se aleja, el momento se torna emocionante, mientras escuchamos la hermosa voz de Alejandro Moss, interpretar a manera de reproche, el bolero de Leonor Porccela de Brea, “Dónde podré gritarte que te quiero”… partir sin ti ¡Cobarde!

Felicitaciones al Director, a los actores. “Rosa” es hoy, un buen ejemplo de teatro dominicano.