Ruptura y viraje un nuevo paradigma para la crítica literaria dominicana

18_07_2015 Areito 18 julio Areíto3

Esta investigación constituye un aporte diferente a la literatura de República Dominicana […]

porque sistematiza y difunde la gran riqueza de este corpus literario que señala una ruptura concluyente en la historia de la literatura dominicana; y porque especifica cómo este viraje radical de la prosa de Veloz Maggiolo inaugura en 1960 un proceso cultural alternativo latinoamericano tanto para aquella época como para la actualidad. (Bruni: 2015, 13-14).

Con la aparición del libro Ruptura y viraje: La narrativa de Marcio Veloz Maggiolo 1960-1975, de Nina Bruni, la literatura dominicana dio un salto cualitativo hacia un nuevo paradigma en el ejercicio de la crítica literaria. Se trata de un texto de primer orden, que sitúa la obra que el autor produjo durante este período en el panorama global de la novela dominicana y latinoamericana.

Para la elaboración de este trabajo, Nina Bruni se apoya en los críticos literarios más serios del país y de otras latitudes que se han concentrado en el estudio de nuestra literatura, como Bruno Rosario Candelier, José Alcántara Almánzar, Diómedes Céspedes, Pura Emeterio Rondón, María del Carmen Prosdocimi Rivera, Esther Gimbernat-González, Torres Saillant, Rita De Maeseneer, Miguel Ángel Fornerín y Giovanni Di Pietro, por citar algunos, con quienes dialoga de tú a tú con mucho respeto. A partir de sus aportes, nos encamina hacia una propuesta que por su complejidad, articulación y perspectiva, supone un cambio de paradigma en la crítica literaria de nuestro país.

El libro Ruptura y Viraje…, viene a llenar un espacio que hasta ahora ha estado vacío. Su abordaje de los textos de Marcio Veloz Maggiolo, nos revelan con meridiana claridad el aporte de este autor a la literatura universal, tanto en los elementos literarios como en los elementos metaliterarios de sus obras. Razón por la que Nina Bruni sugiere la necesidad de una revisión conceptual de la forma como hasta ahora la crítica ha valorado el boom de la novela latinoamericana y el papel que en dicho proceso jugó la novela dominicana y la obra de Marcio Veloz Maggiolo. (Bruni: 2015, 41-46).

Nina Bruni trabaja con muy delicados matices las novelas del primer ciclo de este destacado escritor dominicano. La razón para agruparlas, de acuerdo con su opinión, es que dicho conjunto: “determina los rasgos estilísticos y conceptuales de toda su obra en prosa e inaugura la corriente de renovación radial de la narrativa de la República Dominicana”. (2015, 13). La novedad del enfoque de su crítica literaria es que valora estos textos de Maggiolo en su conjunto, calibrándolos en el marco del contexto sociopolítico y epistemológico en el que fueron escritos. Con lo que consigue mostrar la ruptura y el viraje de su novedoso estilo con relación a lo que hasta entonces se había hecho como novela en el país. Con lo que sienta unas bases interesantísimas para el estudio de la segunda etapa de su narrativa y abre nuevas posibilidades para abordar a otros autores dominicanos que como Maggiolo han realizado un aporte encomiable a la literatura de nuestro país.

Nina Bruni rescata en su estudio, que las novelas de Maggiolo aparecen en lo que muchos autores reconocen como la tercera etapa en la historiografía de la novela dominicana.[1] De acuerdo con estos, nuestra primera etapa está dominada por la novela de la caña; la segunda, por la novela propagandista y costumbrista; mientras que la tercera, corresponde al ciclo de la novela bíblica[2], que según ella constituye el período experimental de la narrativa dominicana. Esta fase está marcada por el paso de una novela naturalista, realista, centrada en el caudillismo y excesivamente regional, hacia una narración más compleja, diversificada, crítica y hasta cierto punto ambigua, lo que en el fondo implica un profundo cambio estético. Comparto la tesis de Nina Bruni, quien postula que Marcio Veloz Maggiolo es el autor que mejor encarna el viraje hacia el nuevo estilo, pues se adelantó al mismo, tanto en sus novelas como en sus ensayos, con una actitud hondamente revolucionaria, crítica y renovadora, que podemos catalogar de post- moderna. (Bruni: 2015, 16-17).

Esta no es una afirmación peregrina, sino que está sólidamente fundamentada en su análisis de las obras de Marcio Veloz Maggiolo que constituyen su objeto de estudio: Judas, El buen ladrón y otros textos bíblicos (1962), donde resalta su contribución a una nueva narrativa en la República Dominicana, que entronca con el de sus pares latinoamericanos; Nosotros los suicidas y La vida no tiene nombre (1965), en los que avanza hacia un tratamiento experimental y vanguardista de la novela; Los ángeles de hueso (1967), en que la prosa lírica del autor, apunta ya hacia la nueva novela, con planteamientos estilísticos y conceptuales, que conectan con el existencialismo y la fenomenología; y De abril en adelante, que en la opinión de Nina Bruni, merecería un estudio aparte por su particularidad, pero que no obstante ella trata en referencias cruzadas con los otros textos suyos que analiza.

Su perspectiva intrahistórica, interdisciplinar, comparativa, de género y desde el reverso de la historia y de la vida, es la que le permite a Nina Bruni, además de descubrir el contexto sociopolítico y económico, entrar en los intersticios de los personajes que estudia, para adentrarse en su psiquis, sus creencias y su mundo interior. Con lo que apela a una visión existencial y fenomenológica, que nos lleva a un nivel de análisis más profundo que el que hasta ahora se ha realizado a propósito de las novelas bíblicas de nuestro país. Por todo ello, me atrevería a calificar su enfoque como filosófico existencial, psicológico vitalista y hermenéutico teológico, en el marco de un análisis crítico netamente literario.

Quisiera terminar llamando la atención sobre el dominio que exhibe Nina Bruni en Ruptura y Viraje…, de la tradición filosófica y teológica de la liberación latinoamericana, de la actual exégesis bíblicas, de la nueva hermenéutica, de la arqueología bíblica, de la psicología profunda, de los debates cristológicos, de la antropología cultural, entre otros campos del saber, y por supuesto, de la lingüística, la narrativa y la crítica literaria. Lo que le posibilita un análisis intertextual que lejos de un acercamiento simplista a la obra de Marcio Veloz Maggiolo, la aborda en el marco del pensamiento complejo propuesto por Edgar Morín. Con lo que tiende hermosos puentes intergeneracionales, con los autores que le precedieron y los que le sucedemos, hasta establecer un diálogo bidireccional con el que ella reconoce como un nuevo ciclo de la novela bíblica dominicana.[3] Esto, según su opinión, demanda un estudio integrador que vincule ambas etapas y asuma los retos epistemológicos y literarios que tal empresa comporta. (Bruni: 2015, 59). Retos que según mi parecer, ella alcanza magistralmente en su obra Ruptura y viraje: La narrativa de Marcio Veloz Maggiolo 1960-1975.

[1] Recordemos que la novela como género literario en el país es valorada como un acontecimiento tardío.

De ahí que El Mortero (1857) de Pedro Francisco Bonó sea considera la primera novela dominicana.

[2] Aquí destacan las obras: El testimonio (1961) de Ramón Emilio Reyes, Judas y El buen Ladrón y otros textos bíblicos (1962) de Marcio Veloz Maggiolo y La Magdalena de Carlos Esteban Deive (1964).

[3] En el que incluye las novelas: Yo, Judas Iscariote, de Luis Tomás Oviedo (2006), y Apócrifo de Judas Izcariote, de Jit Manuel Castillo de la Cruz (2011), quien escribe este artículo.