Salud 2018

A1

Hablar de la salud dominicana no es sinónimo al estado de bienestar del pueblo dominicano, ni mucho menos del país. Sería como meter dentro de un mismo envase limones, mandarinas, naranjas agrias, chinas de jugo y naranjas dulces. En este último ejemplo pudiéramos englobarlo todo bajo el término de cítricos, cosa que no podemos hacer con el tema sanitario. La compleja estratificación de la población que habita el territorio de la República Dominicana, nos impide homogenizar la relación salud-enfermedad del país.
Para nuestras familias pobres el año 2017 no arrojó un balance positivo, ya que no bajó la mortalidad materna como hubiésemos esperado, ni tampoco disminuyó la mortalidad infantil. Grandes centros hospitalarios estuvieron bajo prolongadas y dolorosas labores de reparación o reconstrucción, lo que provocó una sentida reducción en la oferta de consultas, internamientos y procedimientos quirúrgicos a miles de enfermos. Brotes epidémicos surgieron como resultado de las intensas lluvias que trajeron los dos huracanes que tan duramente nos golpearon.
El enfrentamiento entre la dirigencia del Colegio Médico y las autoridades de salud degeneró en reiteradas huelgas que perjudicaron grandemente a los vulnerables sectores humildes de la nación. La puesta en retiro por antigüedad de un considerable volumen del personal sanitario, sin el correspondiente reemplazo inmediato, generó una situación caótica que solo con el paso del tiempo se podrá cuantificar. A pesar de las reuniones y talleres llevados a cabo en ese periodo de doce meses, aún no se percibe el despegue concreto de la esperada atención primaria dominicana. La promoción de la salud, así como la prevención, diagnóstico y tratamiento temprano de las enfermedades no tuvieron la fuerza y la efectividad requerida.
En el año 2018 la audacia, eficiencia, sensatez, sabiduría, coordinación, liderazgo y el compromiso serio deberán estar siempre presentes en todas las decisiones y cada una de las ejecutorias de los actores responsables de garantizar la salud física, mental, social y ambiental de la gran familia nacional. Con el concurso colectivo deberemos enmendar errores, malos entendidos, olvidos, descuidos, inequidades, retrasos y las precariedades financieras. Urge reforzar la vocación de servicio, la transparencia, la sinceridad y el serio compromiso de servir las 24 horas y los 7 días de semana.
Que se complete la remodelación de los hospitales, que se garantice el cuadro básico de medicamentos en todas las boticas del pueblo y que renazcan la salud bucal y la atención esmerada a los envejecientes y a los enfermos mentales.
El énfasis en la atención primaria con la concretización de las serias propuestas sometidas y la asignación de los recursos financieros para su ejecución, debiera considerarse una emergencia salvadora. El pueblo merece que se le mantenga sano, ello demanda mucha educación de calidad, agua potable, alimentación balanceada, vivienda, trabajo, transporte, y la muy anhelada seguridad ciudadana. La juventud del nuevo milenio amerita comprensión y análisis, tomando en consideración el entorno digital virtual en que vive su mente sumergida.
Si grandes son los retos para el nuevo año, mayor es la oportunidad que tienen sus autoridades de continuar ensanchando la esperanza de vida del ciudadano común. Ojalá podamos saludar el 2018 con el firme compromiso de garantizarle mayor y mejor salud a cada dominicano, sin distingo de credo político, religioso, estamento social, étnico, ni tampoco de género.
Hagamos de la tierra duartiana un modelo de sana vida individual y colectiva.


COMENTARIOS