Salud mental: adversidad o bienestar

José Miguel Gómez

Las personas tienen que aprender que se está en desarmonía cuando hay disonancia entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago. Dicho de otra manera, se aprende a valorar el riesgo o la vulnerabilidad en la salud mental cuando empiezo perdiendo el equilibrio: consigo mismo, con los demás y con las cosas. Es decir, cuando las respuestas emocionales son explosivas o con ira, impulsiva y descontrolado de forma recurrente en diferentes escenarios. Pero también, cuando las relaciones interpersonales, grupales se van haciendo tóxicas, conflictivas y desarmonizadas, algo dice que no vamos bien. Sin embargo, cuando en la vida laboral, familiar o de pareja, la convivencia o responsabilidad de no dañar a las demás personas se practica sin discriminar, o sin valorar el desajuste en que se vive; todo esto habla de una salud mental que implica riesgos en la vida emocional, psicológica y social.
Existen indicadores de vulnerabilidad de riesgo en la salud mental que se dan en todo el contexto bio-psico socio-cultural. Me explico, un riesgo biológico es cuando tiene abuelos o padres que han padecido depresión, bipolaridad, alcoholismo, esquizofrenia, adicciones, demencias etc. Al tener factores estresantes, consumo de drogas, situaciones adversas con las que tiene que lidiar sin solucionarlas, pueden precipitar o exponernos a síntomas de alteración en nuestra salud mental. Pero esa vulnerabilidad en términos sociales nos hace riesgosos cuando tenemos situaciones por desempleo, desesperanza aprendida, desmoralización sin esperanza, inadaptación a los cambios sociales de los que no estamos preparados o no sabemos cómo adaptarnos o cómo manejarlos de forma inteligente.
Los factores de riesgo y de vulnerabilidad, de detección temprana en salud mental, se han triplicado en cualquier sociedad: depresión, suicidio, homicidio, dependencia a drogas y juegos, violencia social, inseguridad, escapismo social, familias rotas, divorcios, pérdidas del bienestar, de la calidad y calidez de vida, de la felicidad y de una existencia digna de vivir y de asumirse.
Los sistemas en los que vivimos nos hacen vulnerables y riesgosos. Las adversidades, las crisis y los conflictos económicos; migratorios, globales, regionales y políticos han puesto en evidencia lo vulnerable que somos los seres humanos, y lo expuestos que estamos a padecer, sufrir o morir víctimas de otras personas enfermas de su salud mental que parecían tranquilas, equilibradas y armonizadas. En cualquiera de los escenarios, la responsabilidad social impone que en lo personal o social debemos defender, prevenir y tratar nuestra salud mental. Hay que tener un cerebro sistémico, que reproduzca pensamientos y sistemas de creencias potencializadoras para incluir en la vida, áreas con equilibrios, equidad y eficacia: en lo familiar, pareja, trabajo, música, lectura, deporte, espiritualidad, amigos, viajes, risa, diversión y cultura del trátame bien, de paz y de felicidad compartida. Por otro lado, asimilar el sistema del bambú: se prepara por años desarrollando y creciendo hacia abajo para tener raíces fuerte y diseminadas en todo su alrededor, luego crece hacia arriba, para así tener fortaleza a la adversidad, soportar la tormenta, los huracanes, la tempestad del vientos. El bambú resiste, se adapta, es reflexivo, no se rompe, no se quiebra; sencillamente es resiliente.
Para tener una salud mental hay que aprender a tener salud financiera; elegir propósitos de vida, elegir sus compañeros de viajes; elegir cómo quiere ser recordado, descargar la mochila emocional negativa, tener sentido de vida y sentido de utilidad; aprender a sintonizar con las prioridades de su vida, celebrar sus logros, vivir con pasión y esperanza, sin dañarse y sin dañar a los demás, eso es Salud Mental. Ahora se impone aprender a admistrar su vida, vivir en consonancia con lo que le genera paz y bienestar. Buscar la ayuda para no llegar a tocar fondo por la angustia, la depresión, la impotencia o la fatiga de tener que vivir en una sociedad dura, excluyente, riesgosa y reproductora de daño psico-emocional. El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional, cuide su salud mental; la adversidad, el riego y la vulnerabilidad se pueden prevenir y gestionar de forma inteligente y responsable, es una elección personal y social.


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