Salud oral dentro de la familia

Cada familia desarrolla sus propios hábitos

Noviembre es el mes dedicado a la familia, célula de nuestra sociedad. La herencia, costumbres, tradiciones y educación están íntimamente ligadas al hogar y son pilares fundamentales de la salud oral y general.
Diferentes enfermedades y síndromes hereditarios tienen incidencia en la salud oral. Afectando el desarrollo cráneo máxilo facial; huesos, tejidos blandos  y músculos faciales; formación, desarrollo y posición de los dientes en la cavidad oral; predisposición a las enfermedades periodontales y la caries, entre otras.
Las condiciones genéticas no son manejadas por el hombre, es decir, no se pueden modificar, pero sus consecuencias sí pueden ser disminuidas con una detección temprana y un cuidado adecuado al paciente, siempre bajo la supervisión de un profesional de la salud capacitado para cada caso.
Cada familia desarrolla sus hábitos de alimentación, educa a sus integrantes sobre los cuidados personales e higiene y los adultos son los responsables de elegir  a los profesionales que cuidarán  de la salud de la familia.
Estos tres factores son claves en la salud oral del individuo: alimentación, higiene y cuidado profesional.
Si sumamos herencia y los factores antes citados, concluimos que la familia está íntimamente ligada a la salud oral.
Una sana alimentación es aquella que incluye carbohidratos, proteínas, grasas y minerales, todos combinados en las proporciones adecuadas de cada una, horario determinado y cantidades prudentes. La alimentación sana es balanceada y debe realizarse en varios tiempos al día.
La higiene oral es de vital importancia para una buena salud oral, realizada después de cada comida y antes de dormir. La misma debe incluir un cepillo dental de filamentos suaves, de puntas bien terminadas, redondas, que no rayen el esmalte dental, que tenga acceso a todas las áreas de la cavidad oral y que sea el recomendado por su dentista; pasta dental de acción prolongada o la que le indique su odontólogo, hilo y enjuague oral.
Algunos pacientes necesitan aditamentos especiales, por ejemplo los pacientes portadores de prótesis dentales, los ortodónticos, los periodontales…
Su odontólogo es la persona indicada para hacer las recomendaciones.
Por lo menos dos veces al año debe visitarse el odontólogo, y en caso de que solo sean citas de prevención  es recomendado que se haga en familia, pues los niños viven esta experiencia como algo normal y sin preocupación.
Cierto es el dicho que reza: “el ejemplo educa más que mil palabras”. Cepillarse junto con los niños, disminuir el consumo de azúcares refinadas y llevar al trabajo un kit de higiene oral, son acciones que los hijos van a imitar y aprender de los padres y de una forma natural los incorporarán a su diario vivir.
Muchos de los miedos y fobias que niños y adolescentes tienen al odontólogo son basados en experiencias negativas de los padres que cuentan una y otra vez a sus hijos. La primera visita al dentista no debe ser porque al niño le duele un diente, o quizás se cayó y tiene un trauma, debe ser antes de los dos años, para un chequeo general y los padres recibir orientación. El dolor y el trauma están íntimamente relacionados entre sí.
Recuerde, prevenir es mejor que curar.


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