Sangre en el barrio del Jefe

SERGIO SARITA VALDEZ
El período de la historia dominicana que comprende desde el año 1930 hasta mediados de 1961 corresponde a la llamada Era de Trujillo. Sobre ella se ha escrito un montón de libros, ensayos, novelas, cuentos, anécdotas tanto verdaderas como falaces, amén de uno que otro trabajo serio de investigación. Es en este último renglón en el que se coloca el ensayo histórico que lleva el mismo título que el presente artículo, el cual es hijo de la fina pluma- bisturí del inconfundible estilo de un veterano en estos menesteres y a quien por décadas venimos conociendo; me refiero al intelectual, político y periodista, el amigo Víctor Grimaldi.

Nuestro acucioso investigador ha lanzado al ruedo público una obra que de manera obligada habrá de generar comentarios diversos entre quienes tengan la dicha de leerla con detenimiento. Se trata de un libro editado bajo los cuidados de Cándido Gerón con una impecable calidad de impresión, fotografías en blanco y negro nítidas e inigualables, así como un papel y tipo de letra muy agradables al lector. Tomando como pie de amigo el argumento físico referente a las fuerzas centrípetas, uno parodiaría de una forma simplista diciendo que todos los caminos nos llevan a Roma, o mejor dicho, al ajusticiamiento del tirano el 30 de mayo de 1961.

Sin embargo, Grimaldi descubre un novedoso común denominador entre los implicados en el magnicidio de Trujillo Molina. En el primer capítulo se encuentra una parte titulada “Como un pleito de vecindario”, en la que se lee lo siguiente: “Entre los tantos y tantos enredos con que se presenta la muerte del dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo Molina se han dejado de observar o de destacar los detalles de algunos aspectos profundamente humanos relacionados con el trágico final de un personaje que se va convirtiendo en leyenda y objeto literario universal. Un aspecto que ha suscitado poca curiosidad es el carácter de pleito de barrio, de vendetta, de trifulca de patio o enfrentamiento sangriento de vecinos que se mueve en el trasfondo de la conjura que acaba con la vida del hombre que casó con doña María Martínez Alba cuando su hijo tenía seis años de edad. Desde un punto de vista de las cercanías en el vecindario, por ejemplo, es de notar que los personajes claves involucrados en el complot para matarlo vivían en los lugares más próximos a su casa de la avenida César Nicolás Penson: Antonio de la Maza en la calle Ángel Perdomo número 2, y Antonio Imbert Barreras un poco más cerca, en la Caonabo 45”.

Cual si se tratara de una novela detectivesca y en parte de suspenso, Grimaldi reúne los argumentos y construye su tesis acerca del suceso de la noche del 30 de mayo de 1961 en base a entrevistas con familiares de involucrados en el hecho de sangre, allegados a Trujillo, personalidades que manejaron el cadáver del sátrapa, intelectuales de la época, documentos oficiales de la época, data bibliográfica calificada, así como otras publicaciones nacionales o extranjeras relacionadas con el tema. Como actor principal de la trama aparece la figura de don Antonio de la Maza, hombre de carácter irreductible, voluntad férrea y decisión irrevocable, marcado con tinta indeleble con el sello de la venganza por la muerte violenta de su hermano Octavio de la Maza (Tavito). En la presentación del libro dice su autor: “Documentos oficiales del Gobierno Dominicano y testimonios orales transcritos son el sustento básico de esta obra. Esta madeja de datos e informaciones, analizados desde el punto de vista humano, nos conducirá a sostener una hipótesis que investigación antropológica habrá de enriquecer en el futuro”.

El orden cronológico de las causas que desencadenan la desaparición física de Rafael Trujillo nos lo muestra Víctor Grimaldi de esta forma: en el Consulado dominicano en Londres un sábado 10 de julio de 1954, Tavito de la Maza hiere mortalmente al cónsul y amigo Luis Bernardino en una trifulca bañada con alcohol. Minerva y Félix, hermanos de la víctima maniobrarán de forma incansable hasta hacer aplicar la ley del Talión sobre el homicida. En 1956 el exiliado español Jesús de Galíndez publica en los Estados Unidos el libro La Era de Trujillo en el que cuestiona si Ramfis era realmente hijo de Trujillo. La noche del 12 de marzo de 1956 el piloto estadounidense Gerard Lester Murphy traslada a la República Dominicana desde territorio norteamericano al profesor Galíndez el cual sería posteriormente asesinado por el generalísimo Trujillo. Félix Bernardino participa activamente en el secuestro del profesor universitario español.

En esta secuencia de muertes ocurre el asesinato de Murphy ese mismo año de 1956. Le sigue una investigación americana acerca del deceso de Gerard Lester. Para apaciguar el escándalo y a instancia de Bernardino es acusado de este crimen y encarcelado el 17 de diciembre de 1956 Octavio de la Maza. El 7 de enero de 1957 las autoridades judiciales entregan el cadáver de Tavito a su familia y aducen como manera de su muerte el suicidio por ahorcadura. Dejemos que sea Víctor quien con su pluma narre artísticamente esta parte: Entonces se produjo el sacrificio del 7 de enero de 1957, y a los cuatro años y cinco meses después se rompió el nudo gordiano de la cadena de crímenes trujillistas, cuando la noche del martes 30 de mayo de 1961 Antonio De la Maza Vásquez regó de hilillos de sangre el uniforme verde olivo de Rafael Leonidas Trujillo Molina enfrente de los acantilados de la costa suroeste de la ciudad de Santo Domingo, Primada de América?

¡Ojalá que surja una película de la vida real basada en los argumentos de este provocador estimulante ensayo histórico innegable hijo legítimo de Víctor Grimaldi!