Sangre vs dinero en Estados Unidos

EDUARDO KLINGER PEVIDA.
EDUARDO KLINGER PEVIDA.

De nuevo gente joven, de vida apacible, en su centro de estudios, donde debieran tener garantizada la tranquilidad e integridad pero convertidos ahora, esencialmente por la avaricia de un sector del capitalismo estadounidense, en eventuales escenarios de guerra. En la mayoría de las instituciones escolares se han instrumentado “férreas” medidas de seguridad, presencia de guardias armados, simulacros de tiroteos y hasta autorizar a los maestros a estar armados. Todo en vano.
Ante un drama brutal se siguen enfocando en las consecuencias y no en las causas con las que convive irresponsablemente una buena parte de la sociedad. Tanto que habla de los derechos humanos en el mundo, la clase política de Estados Unidos debiera pensar en la cruel violación del derecho de las familias a vivir sin zozobra, con la tranquilidad de que hijos y nietos tengan su vida asegurada en los que debieran ser recintos tan sagrados como los centros de estudios o de esparcimiento. Quien va a un concierto a oír música no debiera escuchar disparos y caer bajo ellos. Los llamados “tiroteos masivos” –solo son masivos por la cantidad de muertos – ocurren en ese gran país desde hace más de 50 años y lejos de tomarse medidas para evitarlos se siguen alentando las condiciones que los viabilizan: la venta irrestricta de armas. Un joven con menos de 21 años no puede comprar bebidas ni cigarrillos pero, además de poder ir a matar – como dice Ricardo Arjona – si puede comprar un arma. EE.UU. apenas tiene 5% dela población mundial pero tiene 40% de las armas del mundo en manos de civiles; hay casi un arma en la calle por cada uno de los más de 300 millones de habitantes. Desde 2001 han muerto por terrorismo 3,380 ciudadanos pero por el uso de armas de fuego fallecieron 406,496. De 2000 a 2015 murieron más norteamericanos en suelo estadounidense, víctima de disparos, que todos los que murieron durante la Segunda Guerra Mundial. ¿No viven una guerra?
Sin control de armas no hay solución y ello no se ve, bajo la actual administración, como posible. En la obsesión de borrar el “legado de Obama” apenas asumió la presidencia Trump eliminó una disposición que prohibía la venta de armas a personas con problemas mentales. Tres de las peores matanzas registradas se han dado en los últimos tres meses. En 45 días de 2018 se han registrado 18 asaltos en escuelas, la mayoría no reportados con relevancia porque tuvieron “pocos” muertos. Al participar en una asamblea de la Asociación del Rifle, defensora de la venta de armas y gran financiera de políticos, Trump les habló, sí, con sinceridad: “el asalto de ocho años contra sus derechos protegidos por la Segunda Enmienda ha llegado a un final apabullante. Tienen un amigo en la Casa Blanca”, y prometió que “nunca” interferiría “en el derecho del pueblo de tener y portar armas”. El tema de las matanzas es para algunos un problema de dinero no de muertes inocentes.


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