“Se me ha perdido el mundo” Para mi padre Jacobo Julio José Antonio Azcárate García, asturiano de Trubia. Para Víctor Azcárate y Jesús Suárez López que me enseñaron a “frecuentar el futuro” Se me ha perdido el mundo y no sé cuándo comienza el tiempo de empezar de nuevo” Jose Emilio Pacheco. “Islas a la deriva”, 1973-1975

Vieja astuariana

Historia de vida-3 de julio 2017

El 14 de julio de 2016 recibí un pedido de amistad desde Asturias. Lo confirmé y encontré la amistad de Jesús Suárez López coordinador del Museo del Pueblo Asturiano.
Entre los materiales escuché el testimonio oral de una anciana que me puso a llorar. Pensé en mis muertas. Las argentinas y las españolas.
Pensé en esa cuota de dolor que llevan todas las mujeres en cualquier lugar del planeta, no importa de qué país provengan, a qué clase social pertenezcan ni a qué momento histórico representen. Son todas mujeres heridas por el régimen patriarcal.
El 25 de junio del 2016, el mundo despertó con la noticia de que había sido votado masivamente el Brexit en Inglaterra y que el Reino Unido se iba de la Unión Europea.
Los jóvenes protestaron y reclamaron a sus mayores exiliarlos del mundo y marginarlos de millones de personas en el continente europeo.
Lo que surgió como una ola incomprensible y enorme era el egoísmo de los viejos, la solución para los miedos de gente que nació hace sesenta o setenta años producto del baby boom de la postguerra.
No se les ocurrió que a lo mejor, el tiempo de ellos había pasado, como esa frase tan hermosa que le dijo Margaret Trudeau a su hijo recién electo premier canadiense:
“Mi tiempo ya pasó”.
Los recuerdos me anegaron, llegaron trozos de esos textos hermosos, sentidos, preliminares. Me acosaron, como si la premura por comprender a nuestros jóvenes me hiciera buscar en la literatura que venía de muy atrás, ese “frecuentar el futuro” del viejo periodista portugués y no sé porqué se apareció ese personaje de ficción “Sostiene Pereira”, la novela más hermosa y sentida de Antonio Tabucchi.
Es la reflexión de un anciano periodista, en un momento trágico en la Europa, de 1938, que comprende que es a través de los jóvenes que él puede seguir con su vida y cambiarla y que por ellos él puede tener esperanza y sobre todo tener una muerte digna.
“(…) Sin embargo yo me siento distinto desde hace algunos meses, confesó Pereira, pienso cosas que nunca había pensado, hago cosas que nunca había hecho.
Te habrá pasado algo, dijo el padre Antonio.
He conocido a dos personas, dijo Pereira, un chico y una chica, y quizás he cambiado al conocerlos.
Eso suele ocurrir, dijo el padre Antonio, las personas nos influyen, suele ocurrir. No sé cómo pueden influirme, dijo Pereira, son dos pobres románticos, sin futuro. En todo caso tendría que influirles yo a ellos, yo les ayudo, es más, al chico, prácticamente lo mantengo yo, no hago más que darle dinero de mi bolsillo, le he contratado como ayudante, pero no escribe un solo artículo que sea publicable”.
(…) “Pero ahora estoy algo confuso y además, por más que sea periodista, no estoy informado de lo que pasa en el mundo, ahora estoy algo perplejo”.
(…) “Pues búsquelo, replico el doctor Cardoso, búsquelo, señor Pereira, él es joven, aunque escriba artículos que no pueden publicarse en el periódico, deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro”.
¡” Qué expresión más hermosa, dijo Pereira, “frecuentar el futuro”, no se me había ocurrido nunca”.
Hasta que el 14 de julio en la madrugada soñé con Juan Gil, “el niño de la guerra”, que en el año 2008, en el AGN me contó que un 14 de julio de 1939, él cruzó los Pirineos de la mano de su madre en busca del padre preso en el campo de concentración de Gurs, por ser aviador de la República.
Algo me decían los míos desde Asturias porque a las 2:49 de la madrugada llegó un correo electrónico, de España, de Asturias de un joven llamado Jesús Suárez López, director del Museo de Historia Oral de Asturias y filólogo en la Universidad de Oviedo.
Días atrás en Internet vi las fotos de unas ancianas. Eran precisamente las viejas asturianas que le habían dado el testimonio oral para su investigación de las voces de “los olvidados de siempre”.
Me recordó la carta de Jose Martí a su hija María Mantilla cuando le recomienda conservar su corazón de niña aun siendo vieja.
“No tengas nunca miedo a sufrir. Sufrir bien, por algo que lo merezca, da juventud y hermosura. Mira a una mujer generosa: hasta vieja es bonita, y niña siempre- que es lo que dicen los chinos, que solo es grande el hombre que nunca pierde su corazón de niño: y mira a una mujer egoísta, que aun joven, es vieja y seca. Ni a las arrugas de la vejez ha de tenerse miedo. “Esas arrugas que tú tienes madre mía- dice algo que leí hace tiempo- “no son las arrugas feas de la cólera, sino las nobles de la tristeza. Quiere y sirve mi María”. Athos-Febrero 2 – 1895
Evoqué a mis muertas argentinas y hasta me imaginé que las españolas, a quienes nunca conocí debían tener esa carita risueña y alegre a pesar de la dura vida vivida.
Jesús Suárez López me contaba cosas de una Asturias ancestral, me ligaba a mi pasado paterno y como buen joven al fin me “hizo frecuentar el futuro” como el doctor Cardoso al periodista portugués.
De pronto, el recuerdo de tantas cosas aprendidas a lo largo de mi vida de casi 70 años, el testimonio de viejas señoras que habían sido jóvenes durante la Guerra Civil Española y habían quedado mudas, el recuerdo de mis muertas en Buenos Aires, las fotos antiguas donde mi abuelo materno le dedica una foto a su madre, mi bisabuela italiana, la desconocida Claudia Testa y la llama “Mártir del destino”. ¿Por qué?
El testimonio oral de María Miranda Gutiérrez, de 80 años, me hizo llorar desconsolada, pensé en tantas mujeres sufridas, en las propias y en las ajenas.

Una que es una anciana señora y que también aguantó mucho imita a ese viejo periodista portugués, que “frecuenta el futuro” que le cierra los ojos a Monteiro Rossi, que escribe y conspira para denunciar a la dictadura de Salazar, en 1938, y se anima a recuperar aquel niño que fue, con su pureza, su transparencia y hace lo que siempre hizo bien: ser periodista.
Comunicar, narrar, contar una historia con gracia y garra y si es mujer poner la carita de asturiana traviesa, que vieja y con cicatrices todavía se anima a “frecuentar el futuro” y si es necesario “comenzar el tiempo de empezar de nuevo”.
Santo Domingo, 3 de julio 2017.


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