Se repite la historia

Una mirada a finales del siglo XIX en nuestro país desde los procesos de promulgación de ciertas leyes, nos ayuda a ver algunos patrones recurrentes. Esto ocurre con la aprobación de la ley del divorcio a finales del siglo XIX y la despenalización del aborto en las tres causales en la actualidad.
“La fuerte influencia de la Iglesia Católica en sus creencias y su moral, impusieron por siglos el matrimonio religioso como el único válido y como lazo indisoluble salvo por la muerte. Durante la primera República (1844-1861) y el período de anexión a España (1861-1864) el divorcio no estuvo previsto en la legislación civil, y continuó así por varias décadas hasta que, en 1897, en las postrimerías del gobierno de Heureaux, se dictó la primera ley de divorcio dominicana. Cuando el proyecto de ley fue sometido al debate en el Congreso (unicameral entonces) se vio muy combatida por las clases conservadoras y por el clero católico dominicano, con el arzobispo Meriño a la cabeza y no fue sino tras largos debates que logró ser aprobada y promulgada el 2 de junio de 1897, la Ley No.3730 “sobre Divorcio y Separación de Cuerpos y Bienes”. (Extracto Gaceta Judicial, 23 abril 1998)
Algunas reflexiones respecto a ambos contextos:
• El divorcio, al igual que el aborto, resultan de decisiones forzosas. Tanto las parejas que se divorcian como la adolescente o mujer que aborta actúan contra su agrado, teniendo muchas veces secuelas de trauma psicológico y/o social. Sin embargo, ambos fenómenos son recurrentes con raíces históricas profundas que no pueden ser obviadas.
• Promulgar una ley de divorcio no supuso su promocióncomo un modelo societal a seguir, sino como regulación necesaria para elejercicio de justicia social. Lo mismo debe tomarse en cuenta para el aborto. El divorcio convive con matrimonios de larga trayectoria después de varias décadas de ser aprobado.
• La mujer, adolescente o niña no prevé que va a ser violada o abusada sexualmente, menos aún de personas cercanas a ella. Vivir esa experiencia sobrepasa los límites de lo deseable o prevenible para ellas. Interrumpir el embarazo fruto de esta situación de forma ilegal, clandestina y con alto riesgo se convierte en un problema de salud pública con graves consecuencias.
El ejemplo del divorcio en nuestra historia debe servir como reflexión a nuestros legisladores.
Verse en el espejo del congreso de finales del siglo XIX que respetó la naturaleza democrática, diversa y laica de nuestra sociedad superando las fuertes presiones de la Iglesia Católica.Se legisla para toda la sociedad dominicana y para dar respuesta a realidades sociales complejas favoreciendo la justicia y equidad social.