Segundo sexo
¿La injusticia que queremos?

Deambulando mentalmente, como hago a veces cuando debo escribir y las musas no llegan, decidí leer la columna que en “Acento” publica un cuasi hijo: Rodrigo Mejía.

No encontré las musas, pero sí a mí misma. Rodrigo falta a la época cuando cierra el año con un tema que solemos dejar debajo de la alfombra para tiempos más apropiados, como elecciones o cualquier fiesta nacional que requiera que saquemos a flote ese, muchas veces falso, sentido ciudadano.

Amo a Rodrigo con una buena dosis de orgullo; pero también con la esperanza de que la juventud, con su capacidad y su arrojo, pueda remover nuestra rancia conciencia conservadora, anclada en falsas tradiciones y manidos valores, que permiten que queramos cambiar, siempre y cuando todo permanezca igual.

“¿Aceptaremos vivir sin trabajadoras domésticas 24 horas al día y que se desmantelen los mecanismos de reproducción social que garantizan nuestro estatus? ¿Aceptaremos ser un dominicano más y que las leyes no se doblen por nosotros? ¿Aceptaremos tener que competir en igualdad de condiciones con todos los dominicanos, sin importar su origen? ¿Aceptaremos una real igualdad de género? ¿Tendremos algún día una clase alta cuyos colores de piel representen a los dominicanos? ¿Aceptaremos que los homosexuales tengan igual derecho que nosotros a escoger una pareja de vida y que ello sea reconocido por la ley? Esas son las preguntas que dejan ver el refajo de nuestra sociedad. El statu quo tiene más defensores que los que hoy señalamos”.

“… Lamentablemente, no creo en aquello de que el sistema hizo implosión, que no da para más. Muchos son los que lo defenderán a capa y espada cuando se les diga que su parte del bizcocho es demasiado grande. Y es cuando se verá lo más feo de nuestra sociedad. Ese egoísmo que pretendemos esconder detrás de nuestra fachada de pueblo solidario. Saldrán a relucir nuestros prejuicios, y por nuestros poros la peste y sangre que mantienen exclusión y fortuna”.

Pido excusas por no cumplir las reglas navideñas de paz y armonía, pero junto a mis excusas, convido a leer la columna de Rodrigo y enviarla a todos los que podamos como mensaje navideño. Quizás sea más efectivo que los de “Feliz Navidad”.

Frase

En su lucha contra el individuo, la sociedad tiene tres armas: ley, opinión pública y conciencia”

William Somerset