Seis pasos para la estrategia de Estados Unidos en América Latina

México comparte una frontera de 3.220 kilómetros con Estados Unidos

El secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, tiene mucha experiencia en América Latina, adquirida durante décadas en el negocio del petróleo. Mientras concluye una gira de cinco días por el vibrante mundo del sur, haría bien en recordar las palabras de Jorge Ramos, periodista de Univisión, quien dijo de sus contribuciones a la literatura: “No es ninguna coincidencia que el realismo mágico ocurra en América Latina, porque para nosotros, los sueños y aspiraciones son parte de la vida”. Encontrar el equilibrio adecuado entre el realismo y el idealismo es fundamental a la hora de desarrollar una estrategia, y Estados Unidos necesita desesperadamente una para América Latina y el Caribe.
El viaje de Tillerson se produce en un contexto de circunstancias indudablemente mixto. En el lado positivo, recientes elecciones han resultado en más gobiernos políticamente conservadores pro-estadounidenses en una serie de países, especialmente Argentina y Brasil. Décadas de insurgencia en Colombia están llegando a su fin, y la población de la prisión en la bahía de Guantánamo, Cuba, ha disminuido a solo 41 convictos, frente a un máximo de casi 800. EE.UU. finalmente cuenta con una embajada en La Habana. En términos económicos, la región se está beneficiando del crecimiento de EE.UU. y el crecimiento a nivel global, y finalmente está saliendo de la recesión de 2008.

Por otro lado, la idea de un muro fronterizo entre EE.UU. y México es un importante factor negativo, que ha molestado profundamente a toda la región.

Con todo eso en mente, ¿cuál es la mejor estrategia para EE.UU.? ¿Dónde debería poner el Secretario Tillerson un énfasis estratégico? En primer lugar, debemos reconocer cuán importante es la región para EE.UU. y desarrollar una estrategia interinstitucional, involucrando a los departamentos de Estado, Defensa y Seguridad Nacional, además de la Agencia Central de Inteligencia y otras partes interesadas. Los países de América Latina y el Caribe tienen grandes poblaciones con fuertes vínculos culturales y religiosos con EE.UU., son casi todos democráticos, disfrutan de vastos recursos naturales y representan la única región del mundo que evitó la guerra en el siglo XX y está en paz hoy. Somos afortunados de ser parte de las Américas con socios como estos. En segundo lugar, debemos priorizar nuestras relaciones con México y Brasil.
México, porque comparte una frontera de 3.220 kilómetros con nosotros, está culturalmente ligado con los estados vecinos y es uno de nuestros principales socios comerciales. Brasil, debido a su enorme tamaño y potencial global. Las elecciones en ambos países este año impulsarán nuestras relaciones estratégicas, pero deberíamos alentar visitas de alto nivel, la coordinación diplomática sobre asuntos regionales, intercambios académicos y culturales, e incluso ejercicios entre milicias. Respecto de nuestra relación con México, debemos trabajar para preservar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en parte para garantizar que Canadá permanezca fuertemente comprometida con América Latina y el Caribe.

En tercer lugar, nuestra relación de largo plazo con Colombia es fundamental. El éxito del bipartidista Plan Colombia en el término del conflicto armado es notable, y la nación representa un socio económico y de seguridad tremendamente importante para EE.UU. Deberíamos trabajar con Colombia y México para abordar los problemas de drogas en América Central.

En cuarto lugar, debemos elevar las relaciones entre EE.UU. y el Caribe, empezando, por supuesto, con la forma en que Washington trata a Puerto Rico. Tenemos que ayudar a nuestros conciudadanos proporcionándoles asistencia real en la recuperación tras los devastadores huracanes. China se está trasladando no solo a Centroamérica y Sudamérica, sino también a las islas del Caribe. Por eso este compromiso, de relativamente bajo costo, debe ser un componente de nuestra estrategia.

En quinto lugar, nuestro mejor movimiento estratégico en Cuba es continuar comprometiéndonos. Con el tiempo, el deteriorado régimen de Castro caerá debido al atractivo del capitalismo, la influencia del turismo y el acceso al mundo en general a través de internet. Como sucedió en Europa Oriental y Ucrania –y está sucediendo hoy en Venezuela–, la resistencia no violenta puede vencer incluso a las dictaduras más arraigadas.


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