Senectud y polifarmacia

Eusebio Rivera Almodóvar

No importa que nos llamen viejos, envejecientes, cariñosamente viejitos, científicamente adultos mayores o intelectualmente entrados en la senectud, cuando envejecemos nuestro organismo pierde progresivamente funciones y habilidades, nuestras defensas naturales merman y somos proclives al desarrollo de enfermedades de gravedad variable, pero todos necesitamos atención médica por el inevitable “desguañangue multiorgánico” y consecuentemente el uso de medicamentos, que generalmente se convierte en polifarmacia o polifarmacoterapia, porque no es raro tener que medicarnos para controlar la diabetes, la hipertensión, el colesterol, la artritis o reumatismo, la próstata o los trastornos menopáusicos, la diarrea o estreñimiento, la hipovitaminosis y los cambios psicoafectivos del envejeciente.
Hay países donde se está poniendo mucha atención, desde una perspectiva epidemiológica, a la polifarmacia y a los riesgos representados por los conocidos efectos indeseables, a veces fatales, de interacción medicamentosa, con la toxicidad sumatoria o bloqueadora, aparición de nuevos signos o síntomas provocados por la disminución de la absorción y/o excreción de medicamentos condicionados por la edad, cuando se prescriben en conjunto sustancias químicas sin el debido proceso de depuración clínica y seguimiento riguroso a la polifarmacia, definida como el uso simultáneo de 5 o más medicamentos en una sola persona.
Existe consenso en la prevención de los potenciales daños de la polifarmacia y ello incluye la elaboración de una historia clínica detallada, que esté disponible para cualquier médico que prescriba medicamentos de su especialidad a un paciente con otra patología, y el chequeo del propio paciente o familiar cercano, de la evolución de sus signos o síntomas, contactando de inmediato a sus médicos si al agregar un fármaco a su terapia se presenta algo alarmante o nuevo en su organismo.