Señor Daniel Somoza, Nicaragua

Bonaparte Gautreaux Piñeyro
Bonaparte Gautreaux Piñeyro

El espinazo de América fue sacudido en 1975 por un escalofrío de felicidad que sacudió los espíritus y las esperanzas, de quienes hemos luchado por la libertad, la igualdad, la solidaridad y la democracia, como lo hizo usted hasta que asesinó a su hermano, o su hijo Tachito Somoza liquidado el 17 de setiembre de 1980 por la solidaridad y el internacionalismo revolucionario de los peronistas
En ese tiempo usted era admirado por haber encabezado el movimiento guerrillero que desplazó al régimen creado por Anastasio Somoza, sobre cuya “honra” y las de sus hijos, pesa el asesinato aleve de Augusto César Sandino.
El frente Sandinista de Liberación Nacional llegó al poder como un aire perfumado dentro de la podredumbre de los gobiernos conformistas que se guillaban de democráticos mientras ejercían el maldito “más de lo mismo”.
Entonces, nadie pensaba que usted era capaz de practicar la indigna mala costumbre del “quítate tú para ponerme yo” en un ejercicio malsano de un ascenso acelerado en la escala social cometido cuando usted, su mujer y otros líderes sandinistas, se autoasignaron las mansiones de los antiguos ladrones y asesinos somocistas, en una infame acción conocida como “la piñata”, por el traspaso de esos bienes en su favor.
Aun así, en esta América nuestra hay una vocación de permisividad y de “comprensión” difícil de entender que, con uno y otro rostro, con una y otra careta se repite, se repite…
El descaro con el que usted continuó su vida, como si no hubiese cometido ningún acto de corrupción, la fuerza de cara que desarrolló en y desde el poder, lo retrataba de cuerpo entero, pero, aun así, y pese a los cuestionamientos de la conducta de su mujer, se hizo elegir Presidente y se paseó como líder “revolucionario” pese a que ya se había convertido en un “robolucionario”.
Bastó con que viera cuántas y cuáles oportunidades de hacer diabluras, políticas o económicas descubriera, para hacerse del poder y ejercerlo sin respetar su propio pasado, sus acciones, sus palabras, su historia.
Comenzó a practicar aquello de que “el poder se hizo para ejercer el poder”, sin tomar en cuenta la opinión del pueblo que de eso se trata y ese fue el compromiso, gobernar por y para el pueblo.
Entonces, en un viraje de no sé cuántos grados, se convirtió en un explotador de su pueblo, hasta convertirse en la caricatura de hombre que es hoy.
Oh América qué bueno que sólo llegas a conocer a tus hombres cuando están muertos, por eso, usted no califica para ser colocado entre los buenos.
Usted se comporta con la misma desfachatada “superioridad” de los tiranos y por eso lo llamo Daniel Somoza, como digno descendiente de Tacho.


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