Ser pobre y enfermo mental: una desgracia

Ser pobre y enfermo mental

De todos los miedos, el más angustioso es perder la mente. Cuando una persona pierde su propia relación consigo mismo, su estado de conciencia, y su capacidad crítica para discriminar lo correcto, lo justo, lo que está bien, o lo que es normal o anormal, sencillamente es un gran dolor.

La angustia por la que pasa una pareja, unos padres, con un ser humano, delirando, con miedo y angustiado; cerrando ventanas, dejando de comer porque le envenenan, o no dormir debido a que le van a matar; esos delirios, alucinaciones y las ideas referenciales, junto a la negatividad y aislamiento son la angustia del inicio de un cuadro psicótico tipo Esquizofrenia.

Por otro lado, empezar un día eufórico, superactivo, regalando cosas y comprando de todo; pasándose la noche sin dormir, hablando con lenguaje de tono alto y curso rápido. Con delirios de grandeza, y cambio de humor frecuente, habla de un trastorno del estado de ánimo Bipolar.

Enfermar de la mente es angustiante. Perder la razón es el gran temor de cientos de personas. El suicidio para una familia es una verdadera desgracia. Observar un padre o madre, consumida en una tristeza, desanimo, desmotivación, falta de productividad y alegría por la vida, es incomprensible. Sin embargo, tener que palpar lo que sufre una persona por un ataque de pánico: la sensación de muerte, ese gran temor o miedo de que algo desagradable va a pasar, pero que lo siente, con palpitaciones, mareo, calambre, sofocación, falta respiración y una sensación de salir corriendo y vocear, es una de las peores angustias. Y pensar que el 25% de la población mundial tiene el riesgo de padecer una enfermedad mental.

Pero ser pobre y ser enfermo mental es una doble desgracia. Los medicamentos que se utilizan para los trastornos mentales son de alto costo, no los cubre el Sistema de Salud y en los hospitales no se los provén a las personas pobres. Para una familia es una gran tormenta buscar entre 12 a 18 mil pesos mensuales, solamente en medicamentos.

Existen avances notables en las neurociencia y la psicofarmacología que permiten a una persona enferma de la mente, poder funcionar y adaptarse a las labores sociales, laborales, de pareja y familia.

El problema son los costos, la falta de acceso a estos fármacos. En las calles, deambulan cientos de enfermos mentales, pobres, desnutridos, maltratados y abusados por los ciudadanos. Es un desprecio inconsciente a una enfermedad mental a la que se le teme. ¿Qué le cuesta al Estado a los ayuntamientos crear unidades de Rehabilitación para recoger estos enfermos, medicarlos y darles la oportunidad de vivir como personas dignas y decentes.


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