Servicio de salud está enfermo

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La suma de todos los factores adversos que están influyendo en los servicios de salud solo tiene un resultado: crisis. En el Estado, al presupuesto insuficiente de los hospitales, los visos de corrupción y la deshumanización de las atenciones, hay que sumar que la capacidad operativa de decenas de estos centros está seriamente afectada por los trabajos de una remodelación conjunta que no termina. Añadamos a eso falta de equipos y de personal, para hacer más dramático el balance.
En el sector privado, las deficiencias y regateos en la cobertura contemplada en el Seguro Familiar de Salud es un problema que parece fuera del control de las autoridades. Los desembolsos que deben hacer los asegurados son cada vez más significativos, mientras que hay una asignación insuficiente para cobertura de medicamentos. El sistema de salud, en su conjunto, no es ni por asomo lo que correspondería ser si se acogiera a las regulaciones oficiales.
Los principales dirigentes de la Alianza por el Derecho a la Salud (Adesa) abundaron ayer sobre estos temas, durante su comparecencia como invitados al almuerzo semanal de los medios del Grupo de Comunicaciones Corripio. A la luz de lo expuesto, sería difícil ocultar con retórica lo que es palpable con solo acudir a uno de los hospitales del sistema, donde se evidencia que el sistema de salud está en coma.

La carga de la deuda se siente

El peso de la deuda se manifiesta de formas diversas e influye en múltiples áreas. En este mes el país debe pagar unos US$400 millones por vencimientos de servicios de deuda mayormente externa, incluyendo bonos. Paralelamente, hay decenas de hospitales cuya remodelación, emprendida simultáneamente, no ha podido terminarse por insuficiencia de recursos. Queda claro que ponerse al día con las obligaciones vencidas de la deuda externa priva al Estado de recursos que dejan de ser canalizados hacia la inversión.
En su última inspección, el FMI advirtió sobre los riesgos de insostenibilidad fiscal que acarrea nuestro endeudamiento recurrente. Y el BID, casi al unísono, recomendó no coger prestado para pagar intereses de la deuda. Nuestra responsabilidad en este aspecto deja mucho que desear.


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