Dios, ¿el cuco?

Eusebio Rivera Almodóvar

Si Dios creó el universo, el sol y las estrellas  ¿quién lo creó a él?

Grandes preguntas se intercambian los devotos y los ateos y asumen sus conclusiones como verdades irrebatibles sin ninguno transigir o dar margen al otro, aceptando que cualquiera podría estar equivocado. Ejemplos: 1) Si Dios creó el universo, el sol, las estrellas y es fuente de vida, ¿quién lo creó a él? 2) Si Dios es omnisciente (que todo lo sabe) omnipotente (que todo lo puede) y omnipresente (que todo lo ve) ¿por qué hay tanta pobreza, dolor y muerte en la tierra, si él pudo crearlo todo a la perfección, sin malos que castigar ni buenos que recompensar? Los creyentes ripostan: 1) Si la ciencia es tan omnisciente, omnipresente y omnipotente, ¿por qué no ha podido darle vida a ningún objeto inanimado? ¿Por qué no puede explicar, con pruebas, el origen del universo? ¿Podrían el amor y los principios morales ser analizados con la teoría del big band? ¿Puede una piedra abrazar a otra y llorar si su compañera muere?
Las creencias, los hábitos y la cultura dan base a los comportamientos éticos de la sociedad, pero los fenómenos naturales condicionaron la aparición del respeto o devoción hacia un ente sobrenatural hoy denominado Dios, que se impuso como rector del mundo. Surgieron los cuestionadores ateos que predican: Si dios no existe, todo es permitido y los devotos que afirman: Dios existe, estoy protegido.
Mi posición es sencilla: es fácil negarlo o aceptarlo, entendiéndose que casi todo el que niega la existencia de Dios es porque le conviene y casi todo el que la acepta se siente resguardado; unos atribuyen a milagros sus escapadas de la muerte y los otros lo juzgan como una feliz casualidad.