“Si sigues haciendo eso, hijo de puta, te mataré”

Ubi Rivas.

El día ocho del presente mes, el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, convocó por segunda vez reciente a policías en el Palacio de Malacañang, sede del gobierno, espetándole:
“Sois inútiles para mí y una lacra para la sociedad. Si sigues haciendo eso, hijo de puta, realmente te mataré”.
Este servidor recuerda expresiones similares pronunciadas por el mayor general PN José de Jesús Morillo López cuando fue jefe policial en el gobierno de transición del presidente Héctor García Cáceres, y convocando a la tropa del llamado cuerpo del orden, les espetó:
“Ustedes son todos unos hijos de puta, y el primero que asesine a un constitucionalista, se verá conmigo”, y la amenaza no llegó a cumplirse porque no se incurrió en crímen alguno contra los constitucionalistas, que empezaron a caer como moscas al inicio mismo de los fatídicos Doce Años del etnarca de Navarrete.
Morillo, gran afecto del suscrito, a sus 95 años, conduce solo su vehículo, y tiene una agilidad física y cognitiva privilegiada.
Hoy, el país requiere de un gobernante como Rodrigo Duterte, no un mano temblorosa como el presidente Danilo Medina, y un jefe policial como Morillo López, no como Ney Aldrin Bautista, que pretende superar la grave crisis de seguridad nacional aguajeando en los periódicos, en vez de enfrentar la terrible corrupción policial donde los jefe departamentales cobran para permitir visitar presos.
Un titular de Defensa como el mayor general Enrique Pérez y Pérez, el último gran líder militar del país, hoy en una situación de salud deplorable, no como Rubén Darío Paulino Sem, que pretende usar de condones a los medios concerniente a la preservación de la seguridad fronteriza, cuando todos sabemos que no puede porque su jefe superior no se lo ha ordenado.