Siguiendo las huellas de BORGES

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El escritor Jorge Luis Borges, durante los últimos treinta años de su vida fue una leyenda, por cierto, tejida por el mismo y soportada por sus aptitudes y ocurrencias que dieron nacimiento a uno de los mayores mitos del siglo XX. No se trata únicamente de éxito, sino también de mito. Borges fue uno de los mayores autores del pasado siglo, logrando “el mito Borges”.
Así mantuvo por más de treinta años una refinada confusión entre el Borges biografía y el Borges que deseaba ser, más allá de lo que muchos especialistas de su obra indican, alegando que para él la biografía y el estado civil eran lo más vulgar que pudiera definir un ser humano… Más, sin embargo, su vida fue marcada por un incidente clave, cuando a los cuarenta y cinco años es víctima de ceguera, resonancia filosófica fundamental para su obra, pues definitivamente sus seguidores, especialistas y lectores lo asimilarán para siempre al poeta Homero o, a Milton…
Son muchas las posturas, tesis, vivencias de los escritores, pero en lo que coinciden todos es que el oficio o trabajo de un escritor es muy solitario, y para entenderlos hay que estar muy cerca de estos o vivir cotidianamente con ellos y ellas. Y, sobre todo, con desgracias como la pérdida de la visión, algo terrible para un escritor y un gran lector.
Recordamos una frase de otro escritor, poeta y pintor argentino, Ernesto Sábato, quien fue el segundo argentino galardonado con el Premio Miguel de Cervantes (1984), luego de Jorge Luis Borges en 1979, quien expresó:
«No se siente el arte sino con todo el cuerpo, con los sentimientos, los pavores, las angustias y hasta los sudores». (Ernesto Sábato).
“Borges y Yo”… se termina por esta frase “No sé quién de los dos ha escrito esta frase”. Con este enunciado volvemos a la confusión entre el ser humano real y el ser humano mítico…La incertidumbre que suscita es la misma incertidumbre que los seres humanos tenemos con nuestro “Yo”. Incertidumbre que tenemos en el mismo título de la obra “Ficciones” …Las historias escritas son cuentos, fábulas, el título nos ahorra todo intento de verosimilitud y nos invita a un mundo lleno de independencia y distancia con la realidad. Estamos de entrada fuera del realismo.
Ficciones es un libro de cuentos escrito por Jorge Luis Borges, publicado en 1944 y compuesto de dos partes: El jardín de senderos que se bifurcan y Artificios.
La crítica especializada lo ha aclamado como uno de los libros que ayudaron a definir el rumbo de la literatura universal del Siglo XX. Asimismo, su publicación en 1944 colocó a Borges en un primer plano de la literatura universal. Fue incluida en la lista de las 100 mejores novelas en español del citado siglo pasado, lo que sustentan el periódico español El Mundo y el diario francés Le Monde, entre otros.
Ficciones es un término que puede equivocar y confundir, pues en su etimología heredada del latín, “fingiré” significa dar forma, pero también imaginar y fingir, equívoco ya presentado por el autor en la obra “Hacedor” entre artesano y hacedor.
Las historias de “ Ficciones” tienen forma, y están inventadas para invitar a un viaje de lectura donde el lector tiene que dejarse llevar de la mano por la ilusión y los “trompe l´oeil” (equivocados del ojo) y engaños. Estamos frente a una sublime ambigüedad, cuyo contrato de lectura es difícil definir, pues ni la figura del autor, ni el título facilitan los límites funcionales de la literatura. Flotamos en un mundo incierto e inestable, enfrentado a la perplejidad.
Leer “Ficciones” es intentar acercarse a un mundo incierto. Muchas veces el lector tendrá que exorcizar el malestar en el que se encuentra acompañando en su lectura el trayecto que condujo a Borges a esta forma de “Ficción” que tenemos en cada página del libro.
Borges en esta obra es autor y mito a la vez, una analogía que podemos encontrar para elevar la inmortalidad, como lo hizo el pintor chino Wang Fó, quien para librarse del enfado del Emperador tuvo que dejar este mundo para entrar en el cuadro que pintó. En los dos casos el creador desaparece en la obra, la que subsiste y deja una traza universal. Así es Borges con su escritura, porque él es su propia creación.
Se ha escrito mucho sobre la obra del autor argentino, y lo que nos queda es que el ser humano llamado Jorge Luis Borges, nacido en Buenos Aires en 1889 y fallecido en la misma ciudad en 1996, es que él solo vivió en los libros, para ellos, como si desde su origen hubiese sido una ofrenda para el imaginario. Este intelectual confesó que: “creció en un jardín”, detrás de unos barrotes en una biblioteca de libros ingleses. Este jardín familiar le ofreció personajes que habitaron sus mañanas y ofrecieron a sus noches deliciosos terrores. A Borges le encantaron las lecturas fantásticas desde sus 5 años. Bañándose en un ambiente familiar muy particular, pues su abuela Fanny era de origen inglés y en su casa se hablaban las dos lenguas: el castellano y el inglés. En varios encuentros Borges comentaba que aprendió de memoria la Enciclopedia Británica. Su infancia transcurrió maravillosamente con una veneración hacia su padre, y siempre mencionó cómo este le hizo comprender gracias a un juego de ajedrez las paradojas de Zenón, Aquiles y la Tortuga y cómo pudo experimentar gracias a las Torres de Monegas que le hacia su padre, el descubrimiento de la des-formación de las formas. Este padre, le transmitió los rudimentos de la filosofía y el alcance de la poesía con los símbolos mágicos de la música. Estamos frente a una extraordinaria ósmosis que hace que un niño de 9 años traduzca al castellano al escritor Oscar Wilde. Y, que ya a esa edad considerara que Whitman era para él, el único poeta de este mundo.
Con los referentes expuestos entramos hacia la “ficción borgiana”, cuyo texto se convierte en un juego de pistas que se disfruta como un puzzle o una seguidilla de adivinanzas subyugados por el charme impalpable e impreciso. Nos tenemos que liberar del laberinto de las alusiones y dejarnos llevar como inocentes ignorantes tentados en descubrir los mitos y leyendas, así como los enigmas indescifrables; por eso, en esta multitud híbrida de historias nos será difícil deslindar lo fantástico, lo ilusorio y lo subreal.
Leer a Borges es una gran experiencia, tomamos por ejemplo “La biblioteca de Babilonia”, texto de once (11) páginas que describe minuciosamente y vagamente a la vez, lo que se llama “biblioteca”, pero cuya complejidad nos inclinan a interpretar como una inmensa cárcel habitada por personajes que en ningún momento quieren salirse de ella y se mantienen en su interior llamados a morir en ella…Tenemos aquí una gran alusión que permite desmultiplicar la alucinación para separarla de la ilusión y de la realidad…Nos quedamos con esta imagen de la Biblioteca de Babel que nos invita a disfrutar también de un pan o una pirámide que definen la misma obra de este autor, con una poética filosófica singular en la que somos seres biográficos, pero, sobre todo, matrices del espíritu imaginario.
Las metáforas del infinito se multiplican con espejos que prometen la eternidad. Hay dentro de cada metáfora una fuerza espiritual que deja sentir que el genio creativo es un legado divino.


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