Situación financiera hospitalaria

Los hospitales públicos del país han sido la cenicienta del sistema de salud de la República Dominicana. Es paradójico ya que tenemos un sistema “hospitalocéntrico”, donde las acciones de salud se centran en los hospitales. Abordamos las consecuencias, no las causas. Se piensa que hospital es sinónimo de salud, siendo lo contrario, lo es de enfermedad.
Políticamente siempre se ha creído que hacer hospitales da más réditos que promover salud. Sin embargo, no se financian adecuadamente sus necesidades.
Los hospitales han estado financiados por una subvención, cuotas de recuperación (gasto de bolsillo de la gente) y el pago por facturación a las ARS públicas y en menor proporción a las privadas.
La subvención es un financiamiento histórico, el cual no crece a la par con la demanda ni con el aumento de la oferta; tampoco, con el incremento de servicios y nuevas tecnologías, por lo tanto siempre insuficiente. Opera como fondo reponible, si los hospitales no liquidan el fondo a tiempo pierden el próximo, con lo cual se castiga a la población que busca los servicios, pues el mismo tendrá menos disponibilidad de medicamentos e insumos.
Reciben solo diez subvenciones en el mejor de los casos. No se otorgan las de noviembre y diciembre; con el agravante de que al inicio del año, con el nuevo presupuesto, la primera subvención la reciben en marzo. Es decir que los hospitales duran cuatro meses, desde final de año hasta el inicio sin dinero, explicando en parte las grandes deudas acumuladas por los mismos.
La Cuota de Recuperación es el cobro complementario que hacen los hospitales a las personas que asisten. Cuando se eliminó en agosto del 2013, por un lado fue una medida populista y de coyuntura. Se cumplía una promesa electoral de manera precipitada, ya que debió hacerse progresivamente en un período de dos años. Aquí se aplica el refrán “el remedio fue peor que la enfermedad”, porque esta medida le eliminó la liquidez a los principales hospitales del país, comenzaron a tener precariedad en medicamentos e insumos, a la gente no se le cobraba en el hospital, pero tenían que comprar a nivel privado dichos insumos a mayor precio, con lo cual se aumentó el gasto de bolsillo de las personas; además, gente que iba a las clínicas privadas empezó a ir a los hospitales para realizarse gratis los laboratorios e imágenes, empeorando financieramente a los mismos.
El cobro por facturación a las ARS: Con la habilitación de los hospitales, luego de la remodelación y equipamiento, aumenta la posibilidad de que puedan ser contratados por las ARS privadas, porque de la pública ya lo están. No hay duda que en el futuro temprano esta será la forma más importante de financiación, incluso para algunos hospitales hoy en día ya lo es.
La ARS pública, que es la aseguradora del régimen subsidiado, y la red pública su proveedor asistencial, por ley, tiene una asignación presupuestaria (cápita) deficitaria por parte del Estado, por lo cual se ve en la necesidad de aplicar una glosa administrativa (diferente a la glosa de expedientes por mal instrumentación ) que le permite cierta estabilidad financiera, pero a costa de los hospitales a los cuales no le paga completo lo facturado, incluso pagan tarifas que están por debajo de los costos.
Hay que señalar que esta situación perjudica más al pobre no asegurado que encuentra menos insumos y medicamentos para su dolencia, pues al asegurado hay que buscarle todo, aunque no se pague completo por ello.
Con las ARS privadas falta mucho por hacer, aunque los hospitales le facturan a la pública, las privadas se la “ponen en china”, es un proceso de gestión administrativa hospitalaria que recién comienza, creando las competencias y los departamentos de facturación y cobro, que entiendo estarán desarrolladas en esta nueva gestión del SNS.
A todo lo anterior hay que resaltar que de la subvención de los hospitales se les descuenta el 40% para Promese-cal lo que cubre el suministro de medicamentos e insumos de manera parcial.
No se puede omitir que estas dificultades financieras se agravan por las grandes debilidades en la gestión de dirección, administrativa y financiera de los hospitales.
No hay duda de la necesidad de más inversión en salud y mejor gestión.


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