Stefane Hessel y el compromiso

Bonaparte Gautreaux Piñeyro
Bonaparte Gautreaux Piñeyro

Stefane Hessel primero nos convocó a la indignación porque le han retorcido el cuello a la sociedad actual hasta convertirla en parte de un mundo donde como diría un criollo “na es na” y “yo me la buco como el marido de la vaca, porque ando con un cuchillo en la boca” En un mundo donde lo que vale es el brillo del oro, el bolsillo lleno de dinero sin que importe el origen del mismo, donde gobiernos y grupos poderosos auspician el consumo de drogas como un modo de mantener a los pueblos manejables, sumisos y dormidos, luego de su primera convocatoria a la indignación invitó al compromiso.
Debo a la gentileza de mi amigo Iñigo Larrazábal Uribastierra la lectura de dos de los textos de Hessel cuya vida pública lo llevó desde participar en la resistencia francesa contra el fascismo hasta participar en la redacción de la Carta de Naciones Unidas, la diplomacia, administrador adjunto el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y posiciones en el gabinete del Gobierno francés.
A propósito de la marcha convocada para el domingo 22, donde se protestará contra la impunidad que insulta, lacera, se burla y nos saca la lengua permanentemente, Hessel dice: “Nuestra capacidad para indignarnos puede y debe llevarnos a acciones constructivas, motivadas por el rechazo de la pasividad y de la indiferencia.
“Saber decir no. Denunciar. Protestar. Resistir. Indignarnos. Desobedecer, en ocasiones, frente a lo que nos parece no legítimo y cercena las libertades y los derechos fundamentales.
“Saber decir sí. Actuar. Militar. Tomar parte en la “insurrección pacífica” que nos permita dar respuestas a un mundo que no nos conviene.
“Comprometerse significa abrirse al mundo que nos rodea. Supone decir, en contra del determinismo histórico, que existe algo que inventar. Es lo contrario del derrotismo y de la resignación.
“Hay alternativas: Tenemos la posibilidad de seguir los caminos de un mundo mejor gobernado.
“¡Llegó la hora de actuar! Los retos, la necesidad de un cambio, las soluciones que es preciso poner en práctica, deben comprometer la responsabilidad que nos es propia, la que nos define como personas”.
La participación en la marcha del domingo ya produce sus efectos: los culpables, la gente del Gobierno, tiene un laborantismo permanente y creciente en pro de desacreditar ese movimiento pacífico unitario, independiente, partidista, participativo, popular, porque le tiene miedo a que el pueblo se una, se junte, se sacuda de la modorra y salga a reclamar sus derechos y a exigir que termine la corrupción y que la impunidad sea enterrada de una vez y para siempre por la acción de buenos dominicanos que descubran y denuncien la corrupción, que lleven las pruebas a los tribunales donde jueces probos apliquen la ley sin contemplaciones.
No se pide más: solo eso y lo podemos lograr participando en esta y en las marchas que vienen después.


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