Suerte y destino de unos ahorros

Una mayoría de los asalariados del país constituyen, fuera de toda duda, los verdaderos dueños de los cuantiosos recursos del sistema de pensiones -por encima de los RD$559 mil millones- un caudal de considerable capacidad para impactar en la economía. No es dinero para dormir en bóvedas. Es colocado en el mercado financiero y los réditos que genera están a la vista como manda la ley y conviene a los cotizantes. Confiando en la idoneidad de sus administradores, a la sociedad debe interesarle también que los valores en acumulación y constante crecimiento sirvan primeramente al desarrollo nacional al tiempo de mutiplicarse con las tasas de interés aplicadas al crédito en busca de la máxima rentabilidad.
Los índices de uso del ahorro nacional, incluyendo el patrimonio para pensiones, no indican énfasis ni preferencia por la industria ni la agropecuaria a pesar de la importancia que estas actividades revisten porque contundentemente servirían para que el país vaya a lo óptimo en producción de bienes exportables y para consumos prioritarios y creación de empleos de calidad. El sector público está disponiendo de una creciente porción de este tesoro de la nación bajo el implícito de que es un deudor confiable aun cuando a su conspicuo endeudamiento le faltan garantías de aplicación eficiente y fines desarrollistas y sus gastos en nóminas superan en mucho sus buenas inversiones públicas.

Un embudo antimunicipal

Villa Altagracia vive el resultado que en gastos e inversiones tiene allí, y en muchos otros sitios del país, la prioridad que el Poder Ejecutivo confiere a sus propios fines, que suelen ser importantes, pero que no deben ser motivo para ahogar financieramente a los municipios. Carencias de varios tipos agobian a los moradores en sus 426 kilómetros cuadrados. Los costos de los servicios edilicios crecieron en toda la geografía sin que desastrosamente las asignaciones presupuestarias le sigan el paso.
En la Villa camino al Norte abunda la basura, escasean los servicios funerarios, los bomberos no tienen equipos y el agua potable es muela de gallina porque el cabildo solo recibe del ingreso público siete millones y pico de pesos mientras la inconforme población, apartada de los nutridos fondos de las visitas Sorpresa, sufre desempleo.