Suicidio: “sí a la vida, a pesar de todo”

Es la frase principal con la que se empieza un proceso de logoterapia. Existir implica tener que afrontar todo tipo de adversidades, desde traumas en la infancia, conflictos familiares, desavenencias con los amigos, rechazos, decepciones, frustraciones, problemas económicos, pérdidas, duelos, angustia, miedos, divorcios, dolor emocional, y hasta vacíos existenciales. Cada etapa de la vida representa sus propios desafíos. Los jóvenes tienen que aprender a construir propósitos para competir en un mundo más desigual, por el nuevo empleo, por la inclusión al desarrollo social, a las presiones del mercado de consumo, a las autogratificaciones inmediatas, al erotismo y las conductas sexuales de alto riesgo, al abuso de sustancias prohibidas, prevenir el embarazo, el consumo de alcohol y drogas ilegales, al escapismo social y a la pérdida de la identidad psicosocial. Las condicionantes Bio-psico-sociales son las que originan en los jóvenes las tres principales causas de suicidios: depresión, dependencia de drogas y el trastorno límites de personalidad. Las otras causas, se encuentran entre la frustración, la desesperanza y los conflictos emocionales por rupturas afectivas.
Sin embargo, en los adultos en edades productivas, el suicidio tiende a producirse debido a problemas afectivos: depresión unipolar, depresión mayor, alcoholismo, esquizofrenia, problemas económicos, insastisfacción acumulada, falta de habilidades y destrezas en el manejo de los estresores psicosociales. Pero lo más preocupante es el aumento de suicidio en la mediana edad en los países desarrollados, en personas que han logrado estándares de vida altos, “éxitos” “fama” “visibilidad social y confort”. Los estudios indican que, los trastornos mentales, el abuso de drogas, trastornos de personalidad, la prioridad y la necesidad existencial de validar la existencia a través de la belleza, lo material, el confort, los medios, el reconocimiento etc; los lleva a ser personas frágiles en termino del sentido de vida, el sentido de utilidad y la transcendencia. Nietzsche decía: “aquel que tiene un porqué para vivir, pese a la adversidad resistirá, porque se puede enfrentar a todos los comos”. El suicidio está aumentando, en República Dominicana se han registrado más de 300 suicidios en el primer semestre del presente año. Los indicadores médicos, psicosociales y socio-culturales predicen que la tendencia es aumentar para los próximos años en todos los países de la región. Aun con las tecnologías, las redes sociales, la visibilidad y el entretenimiento de un mundo posmoderno que se hace más confortable; aun así, las personas se encuentran más solas, más presionadas y más excluidas en la vida social y dentro de la convivencia colectiva. Esos vacíos existenciales, la falta de esperanza, de altruismo, de compasión y solidaridad, reproduce en los seres humanos un anonadamiento como lo explicaba Heidegger “en la falta de sentido vital”. Hoy vivimos necesitados de estímulos exteriores, de la necesidad de validación y de reconocimiento. Los jóvenes y adultos, se sienten presionados por las marcas, el éxito, los nuevos logros, la visibilidad y la necesidad de ser “alguien” en sociedades indiferentes y desiguales. Los cambios son tan bruscos, y los estímulos cambian y los nuevos hábitos llegan que apenas asimilamos las que son visuales. Pero no asimilamos ni reflexionamos cómo ha cambiado la familia, las parejas, los hijos, los amigos, el vecino, la socialización despersonalizada, desafectiva y alexitimica, que nos condiciona y nos activa un sistema de creencias que nos dice: “estoy solo” “a nadie le importo” “vivo en soledad dentro del entretenimiento” “conozco personas, pero no cuento con ellas”, etc.
Ahora hay que sensibilizar sobre el suicidio, dar a conocerlo, informar sobre sus causas y consecuencias; sobre su prevención y sobre sus indicadores de alto riesgo. “Sí a la vida, a pesar de todo”. Siempre han existido conflictos, adversidades, días grises acompañados de pesimismo, pero al siguiente día sale el Sol, hay optimismo, nuevas energías y esperanza. Recordando siempre, el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. Hay que ir por la vida, persistiendo, insistiendo y resistiendo; fortaleciendo las emociones, aprendiendo a perder, ceder y tomar distancia, pero fortaleciendo el sistema de creencias diciendo: “sí a la vida a pesar de todo”. El suicidio se puede prevenir buscando la ayuda, aceptando el tratamiento médico, dejarse acompañar, fortaleciendo el espíritu y la fortaleza emocional para administrar las adversidades.