Tabú y consumo

Nuestra niñez y adolescencia se encuentra en permanente riesgo de inserción en el consumo de alcohol, drogas y tabaco. Un círculo de consumo que muchas veces inicia con las drogas legales, alcohol y tabaco y transita hacia otras ilícitas:: marihuana, crack, cocaína, heroína, éxtasis y muchas otras.
En diversos estudios (ONUSIDA-IDCP-Vargas 2012) se muestra que una de las etapas claves de inicio del consumo de estas sustancias es la niñez y/o la adolescencia.
El consumo de sustancias psicoactivas se mantiene en el ocultamiento, la ilegalidad y el tabú. Estos elementos favorecen su incremento, convirtiéndolas en más atractivas. La masculinidad se construye en nuestra sociedad desde ritos y pautas que exigen transgresión de las normas y enfrentamiento a situaciones de riesgo. Estas transgresiones favorecen que sean más “machos” y más “tigueres” por tanto con mayor capacidad de competir con sus pares. La competencia entre pares de sexo masculino es cada vez más agresiva favoreciendo así su inserción a temprana edad en el consumo de alcohol y las drogas.
La ilegalidad de muchas sustancias genera que el consumo en la niñez y adolescencia esté fuera de control de familias, centros educativos y Estado. Las familias muchas veces desconocen la realidad de sus hijos e hijas, erróneamente se manejan en el tabú y el miedo, y no dialogan con hijos e hijas sobre las drogas ni sobre lo que están viviendo en su contexto social sin escandalizarse. Las familias se escandalizan y reprimen a sus hijos e hijas, lo que genera más apego a las prácticas de consumo y a buscar apoyo en grupos de amigos y amigas o en parejas, que a veces consumen también.
Las drogas al igual que el alcohol tienen una alta conexión con la recreación, el placer y el sexo. La ausencia de orientación y alternativas de recreación sin estos componentes en la infancia y adolescencia genera más atractivo en ello. La presencia de un machismo asociado al consumo de alcohol en el que muchos hombres fomentan que sus hijos desde su niñez consuman favorece el paso a las drogas. Ambas sustancias tienen motivaciones similares, búsqueda de aceptación en grupo de pares, asociación entre diversión-consumo y consumo-mayor placer sexual.
Familias y centros educativos no cuentan con herramientas para ofrecer orientación, acompañamiento, prevención. La prevención ante el consumo de drogas, tabaco y alcohol no se ofrece como parte del currículo educativo sustentado en un estudio profundo de sus causas.
El Estado, los gobiernos locales, el sistema educativo, los medios de comunicación y los grupos empresariales deben invertir en la prevención del consumo desde políticas sociales educativas y de salud pública.


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