También en el campo se inicia por el comienzo

La agropecuaria predominó durante muchísimos años como el sector-fundamento de la economía dominicana. También de las exportaciones, hasta el punto que entre 1950 y 1960 el 80 por ciento de nuestras ventas en el exterior provenían del campo. Desde el ajusticiamiento del tirano Trujillo esa preponderancia ha venido cambiando drásticamente y hoy el peso de la agropecuaria en la economía local no es ni una sombra de lo que era. Ahora somos una economía de servicio centrada en el turismo. Pero el campo todavía sigue siendo importante, tanto en la producción de alimentos como en la generación de empleos. Le queda, igualmente, cierta importancia en las exportaciones. Después de muchos vaivenes, los dominicanos se han dado cuenta, sobre todo los políticos, que el campo es importante y que debe ser atendido. El problema de los políticos y de los burócratas políticos es que olvidan los principios de la agropecuaria y diseñan y presentan grandes planes que no toman en cuenta la asimetría que hay en los campos –pequeños, medianos y grandes– y que se comienza por el comienzo.

Cada país es soberano para tomar decisiones

Sin entrar en consideraciones sobre la forma y el fondo del hecho concreto de romper relaciones diplomáticas con un país y establecerlas con otro, cada nación es soberana para tomar las decisiones que considere en cada caso. Este es un principio general que rige las relaciones entre los Estados. Todos debemos tener la convicción de que cuando la República Dominicana decidió poner fin a sus vínculos diplomáticos con Taiwán y establecer relaciones con China simplemente actuó como un Estado soberano. Detrás de este derecho de acción debemos estar todos, sin fisuras partidarias e ideológicas.
No debemos olvidar, a propósito, la sabia lección que nos legaron los pragmáticos ingleses, con el veterano expremier Lord Palmerston a la cabeza: las naciones no tienen amigos ni enemigos permanentes, solo intereses permanentes.


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