Tania Marmolejo piensa y pinta

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Marianne de Tolentino

La galería Lyle O’Reitzel es, en Santo Domingo, un sitial del Arte Contemporáneo, anunciando así su razón social y una especialidad incuestionable. Desde sus vitrinas exteriores y en ellas la colocación de obras excelentes, introduce el espectador a la calidad de las exposiciones colectivas e individuales. Hace ya más de veinte años que presenta a artistas dominicanos –en mayoría– e internacionales –de verdad–, siendo este local el tercero de la galería y el mejor por sus espacios y la situación dentro de la ciudad.

Ese dinamismo nunca se ha descontinuado, un testimonio de que hay oportunidades para la creación más exigente, pese a las dificultades y las crisis… Por otra parte, Lyle O’Reitzel, que ha “cedido” su nombre a la galería –una práctica frecuente–, ha ampliado sus actividades hasta Miami y Nueva York, incluyendo una participación en ferias importantes y proyectos ambiciosos.

La exposición. Fiel a una orientación definitoria, sino emblemática de Lyle O’Reitzel, la muestra actualmente colgada impacta desde que entramos. Confrontados con los rostros magnificados de Tania Marmolejo, les dedicamos una mirada, a la vez sorprendida y familiar, seducida e inquieta. “What was I thinking?” pregunta el título en inglés de la exposición, ya que la artista, dominicana, vive actualmente en Nueva York, y quiso emplear el idioma universal (…) se estila, como un juego lingüístico y un factor de curiosidad.

“¿Qué estaba yo pensando?” Tania Marmolejo piensa y pinta… bien. La emoción se apodera del espectador, tanto más irresistible que no se esperaba una tal intensidad estética, combinada con un tratamiento pictórico riguroso, una compenetración sensorial y sensual, un mensaje sicológico plural.
He aquí un repertorio de imágenes increíblemente rico –a pesar de que son pocas–: se suman auto-exigencia de un refinamiento sofisticado, tersura del óleo y extrema honestidad profesional. La virtuosidad formal, obviamente fruto de un largo proceso de ejecución, se impone en el primer instante…

“La obra bien hecha surge airosa y potente, sencillísima y arropada de misterio”, decía el escritor Camilo José Cela. Esta observación cabría perfectamente para los grandes rostros de Tania Marmolejo, que ella puede no completar, proponiendo un “close-up” y dejando a nuestras miradas imaginar fuera del cuadro.

Así mismo, excepcionalmente ella incluye parte del cuerpo, pero hoy su pintura no lo necesita: donde más se alojan la esencia y la gracia de esa iconografía, es en el visaje, con sus ojos inmensos, húmedos y brillantes, sembrados de luces, casi lagrimosos…. Otros rasgos permanentes son la nariz estrecha, la boca pulposa, las mejillas encarnadas que pueden recorrer hebras de cabellos…

Impresiona también la relación entre la artista y sus criaturas, que parecen seres vivos con los cuales ella mantiene un diálogo permanente. Sus palabras, en el brevísimo texto introductorio, confirman cómo ella se conoce, se analiza y lo disfruta… No hablaríamos de autorretrato, pero sí de proyección de emociones anteriores. Inocencia, tristeza, asombro, introspección, contemplación (que apenas esboza una sonrisa interior), alternan en aquellas ninfas, perturbadas y perturbadoras, semejantes aunque jamás iguales. Tampoco creemos que ellas exhalen y exalten tanto el erotismo, sin embargo muy mencionado.

En su penúltima muestra, Tania Marmolejo trabajaba formatos más pequeños y vestía a sus jóvenes de encajes y estampados que reflejaban su otra actividad y oficio. Ponían de manifiesto su formación de ilustradora; el periodo actual, aunque más difícil, tiene mayor densidad y fuerza de conjunto. Un panel lateral despliega verticalmente, en una pared de la galería, decenas de bocetos a tinta, un mundo de mujeres salvo dos rostros masculinos que parecen extraviados… La soltura de esos “croquis” destaca a la dibujante, y cómo ella domina la anatomía, con fluidez y ligereza. Tal vez allí esté una próxima fuente de inspiración.

Tania Marmolejo, con su atmósfera insólita e intensa, con su dulzura inquietante entre emociones y silencio, propone ciertamente una figuración distinta en el arte contemporáneo dominicano.


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