¡Tantas armas en malas manos!

Es un tipo de tragedia que llega en cualquier momento, a veces desencadenado por lo trivial. Son hechos de sangre que nacen de un culto al porte de armas de fuego que se apoya indeseablemente en la incompetencia de autoridades que autorizan la proliferación sin previa verificación de las condiciones emocionales y morales de pistoleros emergentes, a más de las que son poseídas de manera ilegal. Una permisividad que además fomenta el exhibicionismo amedrentador en lugares públicos a la vista de gente pacífica. La vida de Yulissa Acosta Parra, estudiante de medicina de 24 años de edad, fue tronchada por el brutal disparo de un conductor desconocido que estalló tras un roce accidental a su vehículo.

En un segundo el instinto destructivo y vacío de conciencia sobre el sagrado derecho a existir hizo brote fatal, una vez más, como ocurrió también días antes tras una discusión de un vecino exacerbado que baleó mortalmente a otro para arrepentirse casi en el acto. Trágicos finales que evidencian los altos riesgos que persisten por falta de restricciones. Porque no se aplican normas contra el empleo irresponsable de artefactos de muerte. Una inclinación a armarse y matar que puede aparecer al doblar de cualquier esquina y contra cualquier ciudadano que quede circunstancialmente en la trayectoria de los plomos, sangrientos sucesos que periódicamente llevan dolor y luto a la sociedad.

Las bases y su poder de pasillo

Protegidos por algunos liderazgos que siempre cuentan con ellos y prefieren quedar mal con el país y no con sus fuerzas de choque, tienen su callada vigencia unos activistas que ejercen presiones entre las paredes de los departamentos en los que aspiran a empleos. Ahí está el destrone del anterior director del Sistema Nacional de Salud, doctor Nelson Rodríguez Monegro. Saltó del cargo porque ni el Presidente de la República se atrevió a contradecir al gentío impune.

Ahora le tocó turno al doctor José Alfredo Español, renunciante de la dirección del hospital Vinicio Calventi, que estuvo sometido al asedio de oportunistas disfrazados y políticos decididos a imponerse allí contra la buena marcha de ese centro. Es por ello que en algunos hospitales predominan nóminas abultadas y de mucha ociosidad.