“Tarifa al Medio Ambiente Fotográfico”

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“El 20 de febrero de este año 2017 será recordado por los fotógrafos artísticos dominicanos como el día en que se les marcó su precio para poder hacer sus tomas de los secretos más recónditos de nuestros campos y ríos. Al mismo tiempo, se les creó la incertidumbre sobre la vigencia o no de criterios que debieran primar para dar transparente y justa aplicación a una ordenanza oficial emanada del seno del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Una ordenanza que ha sido publicada sin antes consultar con los mejores promotores del medio ambiente dominicano”. Así se expresa Píndaro, mientras está llegando a reunirse a la entrada de uno de nuestros parques nacionales, con algunos de sus amigos de aventura artística en la fotografía.
La Resolución No. 0006/2017, que ha modificado la No. 31-2007, ha dejado establecidas las nuevas tarifas para entrar a las áreas protegidas que son fuente de vida para toda la población, pero su contenido ha destapado valiosas inquietudes que, vía esta reunión promovida por Píndaro, quizás pudiesen ser acogidas y ponderadas por nuestro amigo Francisco Domínguez Brito para evitar situaciones muy delicadas en el proceso de su aplicación en el futuro muy inmediato.
Como por arte de magia y tal como si hubieran viajado en un mismo vehículo –lo cual no fue-, los fotógrafos Pedro Genaro Rodríguez –profesor de fotografía-, Rafael Sánchez Cernuda –motor de FOTOGRUPO-, Wilfredo González –del Grupo de Artistas Fotográficos GAF-, Félix Sepúlveda –del Grupo Fotográfico de Santiago GRUFOS-, y Herminio Alberti –Fotógrafo Artístico-, se han encontrado con Píndaro y su saludo ratifica la idea que ha motivado la misma: Buscar expresar vías de mejorar la aplicación de la nueva resolución a través de emitir sus opiniones previamente consensuadas.
El primero en comentar es Pedro Genaro. “Hay que trabajar el criterio para separar lo que es hacer un trabajo con fines de lucro y lo que es disfrutar del país que tenemos y documentar su naturaleza. Muchas veces se ha querido argumentar que lo que determina esto es el uso de cámaras sofisticadas (cámaras grandes, para decirlo en un lenguaje llano) y nada más alejado de la realidad”, termina su introducción al grupo.
Estrechando las manos de sus compañeros, Rafa Sánchez frunce su ceño, mientras expresa que “esta resolución sobre los parques nacionales y áreas protegidas traerá mucha confusión, pues no especifica, no define y ni siquiera comenta el concepto de ‘producción de imágenes fotográficas’ y a quiénes se les aplicaría esta categoría de producción, al igual que no define y delinea la definición de ‘producciones audiovisuales con fines comerciales’ y a quiénes se les aplicaría”.
El más sorprendido es Wilfredo, quien al tomar la palabra refiere: “Al leer la noticia me sorprendí de tamaña publicación… Waooo, pensé de inmediato, y ahora qué nos vamos a hacer, si no podemos tomar fotografías de nuestros espacios naturales pues con estos precios que han publicado es prohibitivo para la mayoría de nosotros… Pensé inmediatamente: ¿Cómo vamos a mostrar al mundo nuestro pequeño pero lindo país?.. ¿Cómo un turista en Holanda o en Nepal podrá observar todos los paisajes bonitos que él podría ver si nos visita?… ¿Cómo puede el turista consultar, mediante una revista o fotografía, sobre qué cosas debe ver y qué no, si no tenemos fotografías publicadas de nuestra gente, nuestros espacios, nuestras playas, nuestros bosques, nuestros insectos, nuestra flora, nuestros ríos?… ¿Cómo se va a inclinar la balanza del turista de si viene a nuestro país o mejor se va a otros países del área que publican montones de fotografías por todas las redes de hoy en día y que no cobran por tomar y publicar las fotografías de su pueblo?”.
Félix, que está enclavado en Santiago en el centro del país, expresa con pesar: “La verdad es que las regulaciones de actividades en nuestro país a veces no cuentan con el debido análisis y participación de los actores involucrados en la actividad. Nuestra posición es que las áreas protegidas deben precisamente protegerse y a la vez facilitar y promover el acceso, conocimiento y difusión de dichas áreas que, aparte de que sirven a la función de preservación del país y del planeta, generalmente representan uno de los recursos turísticos de mayor potencial tanto interna como externamente”.
“Si la tarifa fuera para TODOS –opina Pedro Genaro- los fotógrafos independientemente de la intención que motive la visita, comercial o no, significaría que para visitar tres áreas protegidas en un mes se necesitaría un salario mínimo, solo para eso. Las implicaciones sociales que esto tiene son muchas, pero básicamente las personas que perciben menos dinero van muy forzadas. Existe por igual la miopía de pensar que si una persona tiene una cámara puede pagar estos precios, sin reparar en que para los fotógrafos esto es un sacrificio, y no es el único… detrás de la cámara vienen las memorias, las pilas, los flashes, las mochilas, las computadoras, los peajes, la gasolina, los permisos de entrada que ya pronto serán doscientos pesos. Pero también en los casos de excursiones más extremas, los botes, los mulos, y ni hablar de los equipos de fotógrafos submarinos”.
Para sellar su idea opinión, Rafa recalcó: “Me pregunto: Por qué a una de estas categorías se aplica a lo “comercial” y a la otra no?. Muchos fotógrafos son verdaderos promotores de los diferentes lugares de interés nacional sin llegar a ser fotógrafos comerciales, haciendo producciones fotográficas sin fines de lucro y mucho menos con fines comerciales. A estos, se les está enrolando en una categoría errada… y en las excepciones de la Resolución no aparecen”, sentencia. Por su parte y con dolor en su alma, Wilfredo exclama: “No acabo de entender cuál es la finalidad de dichos impuestos si, por el contrario, visitar, fotografiar y preservar nuestros espacios y biodiversidad es cultura, es enseñanza, es educación…”.
Herminio, que ha estado escuchando cuidadosamente, mira a Píndaro y con ello le cuestiona su sentir. De inmediato, sentencia: “Con esta Resolución, Medio Ambiente ha abierto una caja de Pandora que, a menos que se corrija de inmediato, va a permitir a grupos de personas del ministerio radicadas en esos parques protegidos a cobrar, indiscriminadamente, las cantidades que quieran, a quienes quieran y cuando quieran”.


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